Columnistas: ¿Habríamos evitado el juego de tronos teniendo ballotage?

Analizando los nueve meses de gobierno en funciones, las dos elecciones generales convocadas entre medias y que el Parlamento se haya convertido en el más fragmentado de la historia de la Democracia española, se me plantea la cuestión con la que he iniciado este artículo. Empezaré por explicar a qué me refiero con este término un tanto desconocido y que comúnmente llamamos ‘segunda vuelta electoral’.

El sistema electoral de mayoría absoluta constituye que es necesario alcanzar como mínimo la mitad de los votos más uno. Así que en principio no es esencial la segunda vuelta electoral. Esta fue originada en Francia y de ahí el vocablo “ballotage” que proviene de Ballot, voto. De manera que si ningún candidato obtiene la mayoría absoluta en la primera vuelta electoral, se lleva a cabo una segunda vuelta en la que se restringe el número de candidatos, sin embargo existen tres tipos de balotaje: en dos de ellos pasan los candidatos más votados (sin barrera y con mecanismo de acceso simple) y en el otro se establecen requisitos previos para celebrar esta segunda vuelta (mecanismo compuesto).

Francia establece en su Constitución que en caso de que ninguno de los candidatos obtenga una mayoría absoluta, en el decimocuarto día después de la elección, se celebrará un segundo turno. Aunque España durante la 2º mitad del S. XIX la había adoptado, a principios del S. XX la abandonó para sustituirla por la actual representación proporcional (como es el caso de Italia y Alemania, entre otros). Otros países en Europa con régimen parlamentario también la aplican: Finlandia, Islandia y Portugal.

Acerca de este tipo de sistema electoral se ha debatido mucho, con argumentos como que nuestro sistema supone un grave problema que arrastra nuestra democracia y sería más democrático un sistema de segunda vuelta. Pero como con la política no se puede hacer pruebas en un laboratorio, y la Política comparada no es una ciencia exacta ya que siempre entran en juego multitud de factores contextuales, no podríamos afirmarlo rotundamente. Lo que sí constituye un hecho es que convocar unas segundas elecciones ya ha supuesto un gasto millonario del dinero público que debería estar destinado al correcto funcionamiento de las Instituciones y a las necesidades sociales; y más aún cuando los Partidos siguen insistiendo en bloquear y provocar cada vez un escenario político más surrealista. Tendría sentido si nuestros políticos entendieran el concepto ‘negociar’, según la RAE “tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro”. Y no sólo no se ha obtenido una solución, sino que vamos camino a unas posibles terceras elecciones.

De ahí que los medios de comunicación recurran a menudo a la expresión “juego de tronos” para calificar de algún modo la cronología del panorama político español desde que comenzaran las primeras elecciones. Estas elecciones nos trajeron de nuevas a dos nuevas fuerzas políticas, valga la redundancia, y a dos partidos mayoritarios que perdieron la posibilidad de gobernar en mayoría, en pocas palabras, “el fin” del bipartidismo. Pero desde entonces hemos visto como en el seno del Parlamento se vivía una división brutal. Enero sirvió para vivir unas primeras y segundas rondas de consultas que finalizaron con la proposición del Rey a Pedro Sánchez como Candidato a la presidencia. Entonces se abrieron las rondas de conversación de Sánchez, y PSOE firmó un Pacto de Gobierno con Rivera, abriendo ambos la puerta a otros partidos, tanto de izquierdas como de derechas. Parecía que planteaban una “segunda transición” para un “gobierno reformista y de progreso”. Sin embargo, el 2 de Marzo el Congreso rechazaba la investidura de Pedro con un no rotundo (219 votos en contra) en la primera votación y lo mismo sucedió en la segunda votación realizada dos días después;

Muy a su pesar Pedro Sánchez se ha convertido en el único candidato que no consigue ser investido ni en primera ni segunda votación en el periodo de la Democracia tras la transición (en la primera es por mayoría absoluta, 176 votos; y en la segunda mayoría simple, más síes que noes).

Tras este primer escenario nada resolutorio empezaba el periodo transitorio de dos meses que se caracterizó por las reuniones que protagonizaron Sánchez e Iglesias. Aunque Podemos aun guardaba ‘rencor’ por el Acuerdo firmado con C’S. El 3 de Mayo el Rey firmaba el decreto por el que se convocaban elecciones generales para el 26 de Junio. Otro movimiento inusual en el tablero fue el hecho de que el rey disolviera las Cortes y no Rajoy, ya que como establece la Constitución Mariano no puede hacerlo al encontrarse en funciones.

Estas elecciones dieron de nuevo más votos al PP y catorce diputados más que en el 20-D. Y comenzaba así de nuevo ‘el juego de tronos’ para conseguir la investidura, el PSOE insistía en el No a Rajoy, Ciudadanos se mantenía ambiguo pero recalcando que no bloquearía a España y Unidos Podemos mantenían los votos que habrían conseguido por separado. Hasta que a principios de Agosto, Rivera le propone a Rajoy la abstención, y días después Rivera le ofrece el sí a la investidura al haber aceptado el PP seis condiciones propuestas por el partido naranja. No pasó mucho tiempo hasta que Ana Pastor anunciara el debate de investidura, un debate que ha cerrado un Agosto de infarto y que ha aumentado la preocupación por unas posibles terceras elecciones. La clave ahora se sitúa en una fecha concreta: el 25 de Septiembre cuando tendrán lugar las elecciones vascas, ya que van a ser necesarios pactos para gobernar. La pregunta del millón ¿Quién conseguirá la confianza de la Cámara?

¿La culpa del bloqueo? La posición que han ido manteniendo los diferentes partidos: El PSOE desde el principio ha vetado al PP al negarle gobernar en coalición, tal vez por la presión de la ‘nueva izquierda’. Además este partido ha puesto trabas a la hora de pactar tanto con PP como con Podemos. Ciudadanos por su parte a vetado a Podemos y viceversa. Aunque ha sido o bien el más imprevisible, o bien el más oportunista. No obstante no estaríamos hablando de esta situación si Rajoy no se hubiera presentado como candidato del PP a la Presidencia del Gobierno, ni tampoco Pedro Sánchez como candidato del PSOE.

Parece que los líderes políticos y sus partidos no se han dado cuenta de la responsabilidad histórica que tienen al estar viviendo esta situación excepcional a la que se le suma la desmoralización de este país por la Corrupción. Esperemos que se obtenga algo positivo de esta situación y que por fin se reforme el sistema electoral; pero sin mezclar el interés partidista con las reglas del juego democrático. Y digo esto porque en algún mitin del PP se ha pedido que se deje gobernar a la lista más votada (sin embargo en 4 años de gobierno nunca se ha planteado). No obstante no todo es de color de rosa, el “ballotage” sobrerrepresenta a los partidos políticos más votados, y subrepresenta a los menos votados. Pero respondiendo a la pregunta ¿habríamos evitado el bloqueo que se inició en el 20-D? , un bloqueo favorecido por el odio cruzado existente entre los líderes de los dos partidos tradicionales y que los Pactos ya no son la clave de la cultura política de nuestros líderes. Sólo nos quedará (¡cuando se desenrede todo este lio!), reformar definitivamente el sistema electoral español.

 

 

 

 

 

María Sierra De Las Heras

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *