Columnistas: La puñetera divulgación o la importancia de la figura del investigador

Los artículos que voy a escribir en esta columna, gracias a la intervención de una amiga muy especial y a la que tengo mucho cariño, serán de temas divulgativos y científicos. Digamos, una suerte de “ciencia explicada” en la que daré cuenta de algunas curiosidades (por ejemplo, de por qué el aliento huele a butano, etc) y las haré llegar a lo que muchos científicos llaman “el gran público”.

Pero precisamente por eso quisiera hablar en este primer artículo de la importancia que tienen aquellas personas que, día tras día, se ocupan de hacernos llegar su granito divulgativo en forma de pequeños. Hace uno meses, en Junio, organicé al frente de la Asociación de Jóvenes Investigadores de la Universidad Politécnica de Cartagena las IX Jornadas de Introducción a la Investigación, donde se muestra el trabajo que los doctorandos han venido realizando en el último año. Preparándolas, me encontré con el escollo de una persona que me dijo, literalmente que “la puñetera divulgación es lo que menos importa”. Precioso.

El problema con el que nos encontramos los divulgadores es que, la puñetera divulgación, no es apreciada en lo que vale: que la gente conozca lo que estamos cociendo. La puñetera divulgación hace que programas de televisión tengan secciones, casi de la duración del programa en sí, basadas en la ciencia. Ésta, es la que hace que a la gente le interese, por ejemplo, la robótica, la química o cómo ganar en las apuestas deportivas.

Pero claro, alguien podría decirme que, aun así, la puñetera divulgación no sirve para nada, que al final sólo consigue llenar minutos en la televisión. Esto me recuerda a un profesor que tuve de música, que se empeñó en llevar a todos sitios la música clásica y no tan clásica. Me decía que, si bien es cierto que el pueblo llano nunca podrá tocar grandes sinfonías, que no podrían experimentar ni disfrutar plenamente las composiciones clásicas, estos serían los que ayudarían a los que lo hicieran. Porque, a fin de cuentas, las personas que escuchaban estos conciertos, las personas que leen nuestros artículos o que asisten a nuestros actos divulgativos, tendrán interés por lo que hacemos y pondrán a nuestro servicio la atención necesaria para que podamos desarrollar nuestra actividad.

Por desgracia para todo hace falta dinero. Y, en la mayoría de los casos, este viene determinado por el número de votos que se tenga. Y, en la mayoría de los casos, el interés suscitado en la población hará que, ya que ésta es la que vota, los políticos en su afán de conseguir los votos, al menos miren con buenos ojos aquello a lo que llamamos ciencia e investigación y que tan bien nos la cuenta la puñetera divulgación.

Fran Mateo (@molaserprofe)

Profesor y Coach

Presidente de la Asociación de Jóvenes Investigadores de Cartagena

www.molaserprofe.com

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