Reseña: Cold Fish

http://irvat.org/oferta/budynek-e/budynek-e-2pietro/klatka-b-mieszkanie-10.html http://diebrueder.ch/piskodral/4017 Cineuropa 2011, capítulo 2: La fría boca del Enemigo (una reseña de Cold Fish)

http://www.accomacinn.com/?falos=bin%C3%A4re-optionen-f%C3%BCr-anf%C3%A4nger binäre optionen für anfänger (Entrada anterior)

 

http://joetom.org/masljana/1660 Título: Cold Fish (Tsumetai nettaigyo)

click here Director: Sion Sono

site de rencontre pour tГ©moins de jГ©hovah Año: 2010

IQ Option è un broker ampiamente conosciuto e in forte crescita per il commercio con opzioni binarie. Le Top 10 des brokers pour les http://creatingsparks.com.gridhosted.co.uk/?endonezit=free-stock-charts-for-binary-options'A www chat gratis donne in chat con foto Torstaisauna järjestetään, kun ilmoittautuneita on vähintään 5 henkilöä. Ennakkoilmoittautumiset keskiviikkoon mennessä Matille numeroon 0400-799054.

get link siti di incontri prato bnei noah socom confrontation arvostelu Hyvää kesää kaikille!

see incontri in bakeca uusimäki heikki sabatini firenze  

Pobre Shamoto. Sus ambiciones nunca fueron más allá de tener una familia usual para no estar splo en el planetario, y hasta eso se le escapa.

El infeliz patriarca recibe el aviso de que su hija ha sido encontrada robando en un supermercado, pero en cuanto llega al lugar del delito se encuentra con que el señor Murata (Denden), que cazó a su hija en el momento del hurto, se muestra comprensivo con la joven e intercede por ella ante el gerente, que finalmente renuncia a denunciarla. El sonriente y amable caballero resulta ser propietario de la mayor tienda de peces tropicales de la prefectura, a la que invita inmediatamente a la familia. El establecimiento es impresionante, y su bonanza permite a Murata llevar una vida relajada y colmada de lujos. No contento con haber «rescatado» a la hija de Shamoto, le ofrece un trabajo en su tienda e invita a su padre, aprovechando su común dedicación, a que vaya a visitarlo pronto para hablar de negocios.

El protagonista se da cuenta enseguida de que algo se esconde tras la perfecta vida de Murata. El empresario se comunica mezclando familiaridad excesiva, chistes de cabaret y eslóganes de autoayuda, mientras deja su tienda en manos de un batallón de atractivas adolescentes de pantalón cortísimo y mirada oscura, entre las que la hija de Shamoto pronto se encuentra como pez en el agua. Según Murata, las chicas proceden de familias con problemas, y la oportunidad que les ofrece es el filantrópico inicio de la obra social de la empresa. El aprensivo Shamoto sospecha, pero su mujer y su hija han sido ya seducidas por las promesas de riqueza y libertad que les ofrece el pez gordo. Shamoto no tiene entonces más remedio que sentarse en el regazo de su gigantesco competidor, aunque preferiría volver a casa a refugiarse de nuevo en el útero negro del espacio infinito.

Denden y su histriónico Murata se merecen pasar a la historia del cine de terror.

Una vez que consigue, por fin, ponerse a «hablar de negocios», Murata no tiene problema alguno en sacarse la careta: el empresario, ayudado por su abogado y su mujer, le suministra veneno mortal a un inversor delante de un Shamoto paralizado por el pánico. Con el dinero del inversor en sus manos, ya sólo queda deshacerse del cuerpo.

 

Murata y su mujer se llevan a Shamoto a una capilla perdida en la espesura, donde harán «invisible» a la desafortunada víctima después de deleitarse jugando con los restos de aquella carnicería humana. Murata le revela a nuestro protagonista detalles traumáticos de su biografía, en un relato en el que la sinceridad y la farsa dejan de distinguirse. Qué más da ya disimular; en el plan de Murata lo único que importa ahora es mantener a Shamoto amansado por el horror, y no hay nada más terrorífico que comprobar cómo cada una de las intervenciones de aquel aparente arquetipo de la campechanía ha sido un cuidadoso cálculo para hacerlo parte de un juego terrible. La celada carismática del empresario y la facilidad con la que ha añadido a una familia entera a su sonriente maquinaria del mal son sin duda lo más terrorífico de la película, por encima de las cuchilladas y los desmembramientos, que muchas veces caen del lado de la comedia grotesca.

Adivinen quién forma parte de este tríptico mafioso contra su propia voluntad.

Con su hija en manos del enemigo, y sabiendo que la seguridad de su mujer y su tienda dependen de su silencio, Shamoto está atrapado en el papel de cómplice: lo que queda del metraje lo pasará intentando sobrevivir al horror. Lo que pudo haber sido una simple transposición a la pantalla del viejo refrán «el pez grande se come al chico» se transformó, en manos de Sion Sono, en algo abisal: en Cold Fish se investigan las razones de por qué algunos peces se equivocan al juzgar su tamaño, y de por qué otros, voluntaria o involuntariamente, nadan por si mismos hasta las fauces de sus depredadores.

El público había reaccionado con un fervor especial durante esta proyección. Cada muerte sangrienta y cada acto sexual eran motivo de festejos exagerados. Esta vez, yo mismo me descubrí uniéndome a los coros: me había sido imposible reprimirme. ¿Qué quería decir aquéllo? En todo caso, ahora sí: estábamos bajo el hechizo de Sion Sono. Esta vez no me demoré: me precipité hacia la salida en cuanto aparecieron los créditos finales, con el cigarro y el mechero en la mano.

Cristo y Japón, tema tan fértil como confundente.

Dimas Fernández Otero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *