Reseña: El reino

Título original: El reino

Dirección: Rodrigo Sorogoyen

Guión: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen

Intérpretes: Antonio de la Torre, Mónica López, Josep María Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener

País: España. 2018

Duración: 122 minutos

ESTRENO: Septiembre 2018.

En El Reino había que evitar una cosa: los tropiezos con la realidad. La quimera de la objetividad es que, quienes la analizan, lo hacen desde su subjetividad, y cuando de política se habla, casi todos confundimos la verdad con la percepción que de la verdad tenemos. La escena de apertura de la propia película apela a un contexto y situación inmediatos, esto es, un grupo de políticos de comilona contando en clave sus andanzas y mostrándose por encima del bien y del mal en un restaurante X de la costa mediterránea. De pronto, entre risas y confidencias de vacaciones, uno de ellos saca un cuaderno de contabilidad B del partido. El resultado de otras películas que hablan de corrupción política (aunque debemos de tener en cuenta que no se ha hecho mucho cine de ese que llamamos “político”) es casi siempre parecido, las películas y su guión se desmoronan ante la imposibilidad de ser equidistantes. El primer acierto del tándem de guionistas Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen consiste en obviar la referencia inmediata, próxima, ficcionando el relato lo máximo posible para evitar citar siglas, lugares, partidos y todas esas referencias que tenemos en la retina, consiguiendo así que luzca y prevalezca lo auténtico. El guión así se limita a mostrar una caída hacia el infierno una vez que los trapos sucios del partido inundan la realidad social y política, convirtiéndose nuestro protagonista, Manuel, en la cabeza de turco correspondiente a esa trama de corrupción política. El segundo factor liberador de etiquetas de la película se basa en la forma de contar la historia. El director se nota que ha disfrutado con esta película, insertando distintos códigos visuales a modo de intrusos en el transcurrir fílmico. No deja plano sin intención, ni mueve la cámara sin un porqué, estando todo al servicio del ritmo, de la agilidad y de dar sentido al relato. La película fue presentada en la pasada edición del Festival de San Sebastián. Todos los actores están perfectos. Al salir del cine uno puede pensar que lo peor de la película es que está ocurriendo de verdad, no teniendo nombres propios a los que señalar pero teniendo muy claro de qué y de quién se está hablando en un thriller que en ningún momento decae en ritmo, interpretación o guión, consiguiendo que el discurso interior no esté reñido con el espectáculo.

Ainhoa Urgoitia.

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