Sintetizadores. ¡Lo que me faltaba!

Pues sí. No lo habéis entendido mal, no. Los sintetizadores son unos ayudantes de “tomo y lomo”, tanto a la hora de hacer música en directo como en el momento de intentar componer un tema y de esbozar una aproximación de cómo va a sonar nuestra canción… y si dicho sintetizador lleva acoplada una caja de ritmos, con bajos, redobles de batería a elegir, amén de otros muchos instrumentos, entonces es el “no va más”; podemos decir que tenemos la orquesta en casa.

Como todos sabemos, un sintetizador es un “aparato” que imita sonidos de otros instrumentos musicales… y no solo instrumentos, también puede tener una gran variedad de lo que llamaríamos “efectos especiales”: lluvia, derrape de automóviles, pajaritos piando, misiles detonando… normalmente es un teclado, y digo normalmente porque también hay sintetizadores que se hacen con guitarra; sí, sí, con guitarra; de ahí ese gran invento que es la guitarra midi, que no es más que un sintetizador, solo que lleva cuerdas en vez de teclas y tiene forma de guitarra eléctrica. De hecho es una guitarra eléctrica. Cuando se desconecta la función midi suena como una guitarra eléctrica normal, con un sonido similar al de una Fender Stratocaster, según palabras de un amigo mío que compró una, allá por los años noventa.

Pero volvamos a los sintetizadores de teclado, que son los más comunes y los que más se utilizan. Son unos ayudantes de los músicos (que no sustitutos) que consiguen que un grupo de pop normal, de rock, de heavy o de lo que sea, suene como si llevase detrás una orquesta sinfónica que les ayuda con sus canciones. Estamos hablando de calidad, de buen sonido… si bien es cierto que para cierta música rockera muchos grupos usan la modalidad de dos guitarras, bajo y batería, prescindiendo del acompañamiento de estos instrumentos (esto además de que no sobran músicos que quieran tocar teclados). Pero si algún grupo, por un casual, incorpora entre sus miembros un sintetizador de cierta calidad, verá cómo sus canciones ganan en calidad musical, en un tanto por ciento elevadísimo.

Siempre hubo tres grandes familias de instrumentos… a saber: viento, cuerda y percusión, pero a raíz del invento de la electricidad y más recientemente del desarrollo de la electrónica, se hace posible que existan estos instrumentos, llamados sintetizadores.

¿Y qué es un sintetizador? Pues por resumirlo en una palabra yo lo definiría con el término “imitador”, ya que su función es sustituir y hacer que suenen instrumentos que el grupo o banda no incorpora entre sus componentes. A saber, los instrumentos que más y mejor se imitan son, entre muchos otros: piano, violines, órganos, flautas, coros… y un sinfín de timbres musicales, que si no fuese por este invento no sonarían en el grupo. Pocos músicos pueden permitirse el lujo de pagar una orquesta sinfónica que apoye sus canciones en directo. Con este instrumento esa carencia está cubierta, siempre y cuando el estilo de música demande su utilización.

Y dejando a un lado los sintetizadores que llevan “caja de ritmos” (más aptos para solistas y dúos/tríos musicales) los otros, los que no llevan ritmos, además de ser algo más económicos y de pesar menos, son suficientes para el relleno armónico de un grupo u orquesta. Los efectos más utilizados son, en general, para un grupo de rock o similar: violines (“strings”, todos recordamos aquella canción mítica de pinkfloyd Shine on you crazy diamond, que lleva un sonido de cuerdas, que suena entre natural y artificial, aunque hay mucho “laboratorio” detrás de este sonido), órganos (ya sean “pipes”, tipo órgano de tubos o de catedral, o los de sonido Hammond) y por supuesto toda clase de sonidos de piano.

Llegados a este punto me gustaría contar la historia de cómo surgieron algunos de los sonidos que consiguen estos aparatos. Veréis: cuando se quiso por ejemplo lograr el sonido de una trompeta, se grababa la longitud de onda de dicho instrumento real mediante un osciloscopio (cabe decir que el timbre de cada instrumento tiene una longitud de onda única e irrepetible que no tiene ningún otro). Pues bien, una vez “copiada” la longitud de onda de la trompeta mediante este osciloscopio, todo era tan “sencillo” como reproducir dicha longitud de onda con un aparato hasta que las dos longitudes se interpusiesen una encima de la otra. Una vez conseguida la longitud de onda ideal ya teníamos “sintetizado” (imitado) el sonido de la trompeta. Por no extenderme demasiado, solo diré que lo mismo se hizo con órganos, violines, cellos, flautas, oboes, etcétera, etcétera, etcétera… hasta que surgió el primer problema: a pesar de usar las mejores técnicas y osciloscopios del momento, NO había forma humana de “copiar” el sonido de un PIANO de cola o de pared. Por más vueltas que le dieron no conseguían lograr el sonido de un piano. Parece fácil, ¿no? Pues no lo era. No se pudo hacer durante años y años, a pesar de que la longitud de onda de un piano y la longitud de onda del osciloscopio fuesen exactamente iguales (cabe decir que la longitud de onda es una serie de líneas curvas, similares a las que vemos en las máquinas que están conectadas a los latidos de un corazón; ya sabéis… ese bip, bip, con el saltito que pega el latido, que vemos en los hospitales cuando están monitorizando a un paciente). Pues el osciloscopio (salvando las distancias) va por ese camino, una onda que vibra… y vibra de formas diferentes, según el sonido que se quiera reproducir.

Así, sin querer, se inventó el sonido de piano eléctrico o el típico sonido del llamado “Fender Rhodes”, que estaba genial pero NO era el sonido de un piano.

Bueno, por no extenderme demasiado os contaré que hubo alguien, un ingeniero de sonido, anónimo, que se dio cuenta de que cuando escuchamos un piano, también oímos (aunque no nos demos cuenta) todos los entresijos de su interior: el mecanismo que acciona a los martillos que golpean en las cuerdas, el flop, flop de las teclas al subir y al bajar, etcétera. Se fijó en estos detalles y “sólo” tuvo que incorporar estos sonidos a la longitud de onda del osciloscopio en el modo piano y… ¡voilà!: Se había conseguido imitar un sonido de piano clásico a la perfección; tanto es así, que en la actualidad y… con el paso del tiempo, hasta en los centros comerciales se venden sintetizadores de éstos, de 80 o 90 €, que traen incorporado éste y otros sonidos con una calidad más que aceptable, para alguien no iniciado.

¡Seguimos en contacto!

J. Luis Nieves

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