Curiosidades musicales: Cimática

Hace unos cuantos años ya, cuando entré por primera vez en contacto con esta palabra, quedé sorprendido y algo alucinado. No por la palabra en sí, sino por su significado. Verás, parece ser que los efectos de esta “ciencia” ya aparecen en grabados, cristaleras… de hace varios siglos, así que nuestros antepasados (no sé qué nombre le darían, si es que le daban alguno) ya la conocían, como quiera que la llamasen; de hecho, algunas frecuencias que se reproducen en la actualidad ya están representadas en grabados medievales y modernistas… pero es algo sorprendente que, repito, me dejó totalmente perplejo, pues no imaginaba yo que existiese algo así en el mundo.

Esta palabra deriva de la palabra griega “Kuma” (ola) para describir los efectos periódicos que tienen el sonido y la vibración de la materia. El doctor Hans Jenny, médico y científico suizo (1.904 – 1.972) estudió la relación existente entre la energía y la materia y, respaldado por una metodología muy bien documentada, que puede ser reproducida en laboratorio, construyó el fundamento de una nueva ciencia, a la que llamó “Cymatics” (Cimática).

El doctor Jenny puso arena, aceites y polvos sobre platos de metal, que él hizo vibrar con emisores de frecuencias. Sus experimentos formaron unas bonitas figuras y patrones que eran únicos cada vez que se usaban distintas frecuencias sonoras. Catorce años de experimentación le llevaron a comprobar que el mayor o menor grado de complejidad molecular y evolutiva de un ser depende de las frecuencias de energía que reciba su cuerpo.

Pues, razonando sobre esto, ¿quizás estamos recibiendo frecuencias que nos enferman? ¿Hay, quizá, frecuencias que nos curan? ¿Es por este tipo de cosas (aparte de otros factores) que las enfermedades cancerígenas se han desarrollado tanto en los últimos tiempos? ¿Hay MÙSICA buena y MÚSICA mala? ¿Música que nos sana y música que nos enferma? Desde luego, las plantas se desarrollan de maneras diferentes según la distinta música que haya en el ambiente (entiéndase frecuencias). Existen determinadas cosechas, básicamente de invernadero, que crecen maravillosamente bien si se les pone música de Mozart. Sin embargo esas mismas plantas se marchitan si “escuchan” un mal heavy con guitarras estridentes y desafinadas. Como quiera que las plantas no tienen órganos de los oídos, para mí queda claro que lo que las beneficia o perjudica son las frecuencias de la música que se les pone… no la música en sí. Puede ser algo “espeso” de entender pero así es. Si determinadas frecuencias alteran la materia de esta forma ¿cómo afectan a nuestra propia materia… a nuestras células?

En este enlace puedes ver una demostración de lo que he explicado. Este ponente consigue las frecuencias con altavoces y métodos modernos. Yo he visto hacer esto mismo en directo con el arco de un violín.

¡Hasta pronto!

Jose Luís Nieves

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