La Hoguera: Os odio a todos vosotros

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Terminará pasando, tan inevitable y fortuito como esos incendios de verano que surgen por un vidrio olvidado o una fogata mal apagada, España arderá de punta a punta y el país entero se rifará vuestros cuellos como si fueran entradas para la Champions League.

He ahí una final que sí pagaría por ver.

No hace falta mucho, un descuido, un error de cálculo al estimar por enésima vez cuanto podemos llegar a soportar sin rebelarnos y la mañana menos pensada rodarán cabezas al estilo «guillotine». Y lo mejor de todo es que tenemos tiempo, no tiempo individual, pero sí tiempo colectivo. Cada generación da una vuelta de tuerca más al hastío general contribuyendo poco a poco a pasar de rosca el tornillo que mantiene toda esta estructura de una sola pieza, el tinglado tiene fecha de caducidad. De modo que, aunque podríamos no vivir para verlo, es sólo cuestión de tiempo que todo se venga abajo.

O quizá  sí vivamos para verlo, porque la avaricia puede tener paciencia, pero este es un lujo que la miseria no puede permitirse. Y a diferencia de la primera esta última no suele dormirse en los laureles, carece del confort de un buen colchón. Qué curioso que aún así, duerma mejor por las noches. La cuestión es que, no anda lejano el día en el que artimañas tales como promover leyes que dificultan el derecho a manifestarse, sean tan útiles a la hora de contenernos como lo es tapar con el dedo una vía de agua en un barco partido por la mitad.

No hay policía suficiente en el mundo entero como para contener la rabia que un sólo país puede llegar a acumular, y la rabia no se puede contener eternamente, sólo se puede tratar de adormilar al rabioso. Pues, irónicamente, va siendo hora de que os empiece a costar de verdad dormir por las noches, de que tengáis miedo. De que temáis el poder de ese pueblo que vive sonámbulo, ese al que tratáis de hipnotizar día tras día para que no se levante y de un simple manotazo termine con vuestra manera de existir.

Cada ser humano de este planeta tiene el derecho y el deber de reclamar lo que le pertenece por el simple hecho de estar vivo. Y que esta es la verdad más ignorada y vapuleada de la historia misma de la humanidad, no es sino un secreto a voces.

Sois los parásitos del mundo, pero no tenéis nada que no os hayamos dado. Sólo tenemos que decidir quitároslo. Porque no sois nada. Porque no somos muchos, somos todos. Somos la encarnación misma del poder, somos el hartazgo de los de ayer, de los de hoy y de los de mañana. Somos una fuerza imparable, pura naturaleza.

Tras el sueño al que nos habéis inducido iremos despertando poco a poco, e iremos recuperando todo aquello de lo que os habéis apoderado: Nuestro tiempo, nuestra vida, nuestra esencia y nuestros sueños.

Que sepáis que,  os odio a todos vosotros.

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