La hoguera: La patada, a tus pelotas: Que le den al fútbol

No me gusta el fútbol. Bueno, honestamente tampoco lo odio a muerte, es decir, hasta lo veo de vez en cuando…

(Ya, es un comienzo algo pussy para una sección que supuestamente va de crucificar cosas)

Balonicidio, un clásico entre los detractores del fútbol.
Balonicidio, un clásico entre los detractores del fútbol.

Pero muy de vez en cuando. Cuando hay un partido clave que sirve de excusa para salir a tomar unas cañas y cizañear con los asquerosos de mis amigos. Es divertido ver el cruce de pullitas. Que si en tu equipo son todos unas nenas porque a la mínima se tiran, que si los tuyos tienen al árbitro comprado, que si tu madre es puta… 

Rifirrafes dignos de las mejores amistades. Lo típico entre amigotes, vaya.

Lo que me hincha la bolsa escrotal con el tema futbolístico es que no parece que nadie se harte de lo sobrevalorado que está. Osea, el tamaño de la bola que se le da como si fuera algo más que un puto deporte, vamos.

(Ya, además es un negocio, pero eso lo toco más adelante)

Veamos, tu estás viendo tan tranquilamente deportes cuatro* -no se por qué habrías de invertir tu tiempo en semejante mierda- pero supongamos que lo haces. Si no lo has visto nunca te sorprenderá la facilidad con la que la televisión es capaz de mezclar música del Señor de Los Anillos con un NumanciaValladolid. Es denigrante, y no para el fútbol precisamente.

Si existe la prensa rosa para hombres la englobarían toda esa clase de telemierdas. Gallineros que sin razón ni verdad se amamantan del ansia futbolera. El arte de hablar mucho, no contar nada nuevo y tener share del copón. Que bueno, no sé cuanta audiencia tienen, pero en vista de lo que proliferan: que si El larguero, que si Punto pelota… al final se les van a acabar las partes del campo para llamar a los programas. El que tiene tela es Jugones, vaya mierda de nombre.

En serio, es horrible.
En serio, es horrible.

En fin, no hace mucho fue el Madrid-Barça, oséase, millonarios jugando al fútbol. Que sí, que sí, que son deportistas de élite superpreparados que hacen supersacrificios para poder estar en sus megasupercondiciones físicas de semidioses y, además, tener muchos cuadraditos. Pero no hay cojones a decirme que no es un partido de millonarios contra millonarios. El más pobre de los que salió a corretear en shorts detrás de la pelotita de marras -que sí, que ya, que tiene mucho mérito- tiene parné como para arrugar billetes de quinientos y hacerse un balón al uso. Eso es parte del repugante hecho de que el fútbol mueve tanta pasta que deja a los cárteles de la droga como a pequeños empresarios, eso sí, el fútbol es más delicado. Si rueda alguna cabeza es de forma no literal.

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Pero va, no me importa, seguramente lo que más me asquea del susodicho deporte en nuestro país es que se pueden encontrar similitudes – en lo rancio- entre el fútbol y nuestra democracia:  Hay muchos equipos, sí, pero al final es cosa de dos, que son los que más dinerito tienen, más copan los informativos… etc.

Me pregunto qué pasaría si cada cuatro años se votase cual es el mejor equipo del país. Yo votaría a algún equipo de amigotes con nombre gracioso tipo shalketemeto o Water de Munich.

Sí, existe de verdad.
Sí, existe de verdad.

 

* Valdría cualquier otro y lo sabéis.

Alfonso Rois Ramiro.

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