Caballo de Hierro: Escribe

Uno escribe a menudo, y considera muy importante hacerlo. De poder dar un consejo – ya sé que no soy quién- os diría a todas y a todos: escribe! Procura colocar tu pensar y tu desear, tu ser y tu parecer, por escrito. Aunque nadie lo lea. O lo que es peor: aunque termine por leerlo quien tú no quieres que lo haga. Me parece a min, que el simple hecho de escribir, tan simple como colocar letra tras letra y palabra tras palabra hasta crear un todo comprensible, de redactar idiotas o lúcidos pensamientos en un cuadernillo de tapa sucia, nos ayuda a organizar nuestra vida entorno al fétido mundo que nos rodea, e incluso, ¿por qué no?, distanciarnos de él. Papel y pluma secan dolores, traen y llevan esperanzas, inventas asquerosas personas en mundos fantásticos, enamoran y desilusionan a partes iguales.

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Anónimo  lector: no hay excusas que lo impidan. Cuando camines por la calle o hables por teléfono, escribe; escribe tu ansiedad cuando estés a la espera de la tregua del insomnio; protesta, reivindícate y mata (o resucita) escribiendo, nada hay más fuerte que la palabra; córtate las venas o tírate de un ático si lo ves necesario, pero tal vez interese a alguien que dejes escritas las razones; paga tu deuda con Harry Haller y el coronel Buendía: seguramente le debas unas líneas, así que ponte a escribirlas; insúltame sin piedad al terminar de leer esto, pero que sea por escrito, por favor; escribe para ti, escribe para nosotros y para la Humanidad; escribe porque sí, ¿por qué no hacerlo?

Ya sea una ofensiva carta de amor a aquella persona que te abandonó, un grafiti color plata en ofensa a las autoridades, o una nota dadaísta pegada sobre la puerta de la nevera, tú escribe. Escribe cuatro versos mal paridos sobre el amigo inmaculado. Tal vez un nutritivo aforismo en la puerta del retrete de la Universidad. Escribe un vergonzoso relato sobre la vida y la muerte, o un artículo para Magazine Crew del que luego te arrepientas. Lo más normal es arrepentirse, y el pudor acostumbra ser infalible y positivo síntoma de evolución.

Creo yo que es cromática la única diferencia entre la tinta y las lágrimas. No existe lugar mejor para llorar que un buen pedazo de papel: nadie escucha tan bien como él. Pero, por supuesto, también puedes reír en él !y no dudes en hacerlo! ¿Acaso existe algún objeto más cargado de libertad que un bolígrafo? Hagas lo que hagas, intenta no caer en el repugnante tópico pseudo-romántico donde escribir supone un ejercicio de plañideros y endebles, pues entre boxeadores y gallitos de gimnasio se encuentran a menudo espíritus sensibles. Olvida la estúpida idea de que las letras solamente son una herramienta de sabios e ilustrados, pues basta con saber el abecedario, y la técnica sólo llega con la práctica. Que no te ahoguen con las malintencionadas críticas de frustrados y acomplejados, porque «lo que no me mata, me hace más fuerte» dijo – por escrito – el filósofo.

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Es posible que algún día tengas un lugar para en las mágicas estanterías de cualquier biblioteca pública. Es posible que exista un sitio para ti en el panteón de Faulkner y Borges, quien sabe… Tal como van las cosas, puede que te pegues un tiro por incomprendido un día de estos, y que en un par de décadas te dediquen el Día das Letras Galegas, lo cual no dejaría de resultarme un tanto cómico. Puede que algo de eso pase en algún momento, o puede que no – son conjeturas de total intranscendencia por lo de ahora -, pero sí hay un primer paso que debes de dar: escribir.

Venga, anda; no te hagas de rogar. No es difícil, créeme. Como decía un amigo mío, para escribir solamente se necesita «el mar, el mar, y no pensar en nada». Por lo tanto, ármate con tú estilográfica y vomita todos tus males en el colega silencioso, ya verás que sano resulta. Y que aproveche! pero que no te pille el mono de tinta!

 

Álvaro Romero Lago

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