Actualidad y opinión: Nuevos fraudes, viejas ideas

un informe

Hola, queridos habitantes de la Tierra, esta semana me he encontrado con una noticia que me ha hecho pensar: resulta que España no cumple con un acuerdo internacional que firmó hace años comprometiéndose no sólo a mantener el nivel, si no a avanzar en materia de igualdad. Esta conclusión se basa en un informe independiente (realizado por ONGs) encargado por la ONU (ya sabéis, sospechosos de ser unos progres trasnochados y anti sistema que odian el stablishment) por lo visto (y oído) por un servidor, resulta que las razones no son «meramente económicas» si no también «de carácter ideológico», algo que parecía sorprender sobremanera a la presentadora del telediario y a todos aquellos que colaboraban en dar la noticia. Y de ésto es de lo que quería hablaros; de una vieja desconocida en nuestra política reciente, que se esconde tras toneladas de maquillaje mediático, corrección política y esa fina pátina de tecnocracia que cubre a los políticos que podríamos llamar «de la casta» emulando a cierto Belzebú de la política Europea. Se trata de madame ideología (disculpad que diga palabrotas).

Pues bien, queridos amigos, no debería sorprendernos que los gobiernos tomen decisiones por motivos ideológicos en lugar de económicos, puesto que toda esa basura neo-con que nos hace creer que los tipos que nos gobiernan basan sus decisiones en necesidades mesurables que parecen justificar cada acción llevada a cabo en una dirección que, ¡oh sorpresa! nos lanza hacia la pérdida de derechos y el recorte de libertades, no es más que un intento burdo, pero lamentablemente eficaz, de que sigamos votando a una oligarquía conservadora por naturaleza (su naturaleza, claro) cuando no nos ofrece soluciones a los verdaderos problemas de los ciudadanos (de ahí que, cada día, en miles de hogares en los que apenas se conoce el funcionamiento del crédito bancario que se está pagando, se introduzcan datos macroeconómicos y financieros complejos a través de los medios). Lo que intento decir es que los tipos disfrazados de gestor a los que alegremente damos nuestra confianza en la fiesta de la democracia son en realidad seres humanos con una ideología, que aunque nos digan «tenemos que hacer esfuerzos por salir de la crisis» no pierden su casa ni dejan de cobrar dietas ni de ayudar a sus amiguitos a ganar dinero a expuertas (bueno, más que a expuertas … digamos «a lo botín» por acuñar un nuevo término).

La reflexión insomne sobre el concepto de Ideología me hizo preguntarme por otro concepto fundamental en la vida política de la humanidad durante el último par de siglos y que nos han hecho creer que tampoco tiene ninguna utilidad en el mundo moderno… la «lucha de clases», que suena a idea anacrónica en la Era de las Comunicaciones. ¿Pero no es probable que la percibamos de este modo porque nos han manipulado para ello? Si todavía no me creéis (y aún así me seguís leyendo, qué loable) imaginad cuáles deben ser las prioridades de un Estado democrático, esto es: ofrecer a sus ciudadanos una justicia que les haga iguales, una sanidad que les permita algo tan tonto como seguir vivos y una educación que mantenga en marcha lo anterior generación tras generación, permitiendo además que los miembros de la sociedad puedan profundizar en diversos campos del conocimiento, llegando a desarrollarse como seres humanos hasta el límite de sus capacidades (o de sus ganas, que no todo va a ser determinismo). Pues bien, así bote pronto ¿qué es lo que, con mayor ahínco, intentan destruir los oligarcas? La educación, la sanidad y la justicia. Por supuesto, lo hacen con pesar en el corazón, dado que ellos viven los mismos problemas diarios que nosotros, dado que la lucha de clases es un anacronísmo que no tiene cabida en nuestra modernísima e igualitaria sociedad, en que los partidos políticos tradicionales se han deshecho de las viejas ideologías en pos de una gestión eficaz y no de perpetuarse en el poder a cualquier precio.

Así que recordad, que se destruya lo público para perpetuar y expandir el dominio de aquellos que ya son ricos sobre los que no lo son no es ideología, es gestión adecuada de los recursos. Y no se soluciona mediante la conciencia de clase, si no renunciando a derechos y libertades para que nuestro país sea atractivo para los ricos de fuera, que si no los de dentro se pueden indigestar con tanto pastel. Y los demócratas de bien no queremos eso.

Alex Barreiro, Historiador

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