Columnistas: Sócrates versus Inda

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Creo que me da miedo la tele. Ya está, alguien tenía que decirlo. Y no porque crea que sus ondas sean dañinas para los humanos, ni porque alguna estúpida superstición me lleve a temer todo aquello que no comprendo o cuyo nivel tecnológico supere al de la Edad Media; no.

La caja tonta (cada vez más tonta, aunque menos caja) me llena de ese terror que sólo las cosas buenas que se convierten en malas pueden provocar. Como Darth Vader o el Partido Comunista Ruso… ¿Y a qué viene esta reflexión ahora, si la tele lleva siendo basura por lo menos 20 años? pues no sé porqué nace este temor, pero desde luego, estoy seguro de quién es su catalizador… Eduardo Inda. Es decir, ¿qué puede temer nadie de tamaño mequetrefe? en un mundo con sentido, nada. En un mundo en que existe la televisión, en cambio, un fantoche como él puede ser una amenaza terrible para un país o incluso para el mundo. ¿Porqué? ¿se trata acaso de una mente superior y tan perfecta que en su maldad pueda subyugarnos? de ninguna manera. El problema es la Tele. El problema es que cada día millones de personas conviven con las opiniones (en el mejor de los casos infundadas, si no implantadas por quién sabe quién o qué) de un tipo que no es más listo que prácticamente nadie que lo esté viendo (incluidos diversos animales domésticos amantes del resplandor de la pantalla) pero que cobran importancia porque salen por la televisión. Y ahí creo que radica el problema, lo verdaderamente aterrador de la tele. Que cualquiera que sale en ella con asiduidad se vuelve importante. ¿Y eso no es justo lo contrario de lo que debería ser? La televisión tenía el potencial de cambiar el mundo, de ofrecer, a través de un lenguaje comprensible para prácticamente cada uno de nosotros, la verdad del mundo; todo aquello que es importante, personajes y opiniones con el potencial de empujar hacia delante a la especie. Incluso podría habernos enseñado alguna verdad. Pues bien, ¿cuántos Miguel Ángeles, Sócrates, Copérnicos o Dantes nos ha dado la televisión? no os esforcéis en hacer memoria. Ninguno. Ahora bien, Eduardos Indas, los que quieras. Y el problema que acecha en la sombra tras esta fachada es el porqué. ¿Porqué Inda si funciona y Sócrates no? Porque no exige reflexión. Porque hemos accedido a ser cómplices de las cadenas, porque «nos resulta divertido». Pues muy bien. Cuando el último de los genios muera olvidado, nuestra sociedad de Indas aplaudirá y lo hará con nuestra connivencia, ¡pero vaya risas que nos habremos echado!.

No olvidéis dar de comer a vuestros cacharritos. Un abrazo.

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