Editorial: Viajes en el tiempo y memorias cortas

Volvemos a empezar tras una parada obligada por exámenes y otros menesteres. Volvemos  con energías renovadas estrenando mes pero repitiendo año.  La ley mordaza, que entró en vigor ayer mismo,  es el Delorean con el que volvemos atrás a 1965  y, ahora como entonces, hay que medir lo que se dice no sea que vengan los grises con las porras.

Hace también unas cuantas décadas, un país llamado Grecia tenía un asuntillo de deuda que perdonó a un país que gracias a gestos tan generosos como este y a su propio esfuerzo prosperó hasta convertirse en la potencia más reverenciada de Europa. Pues bien, quizá a los buenos de los griegos les hubiera ido mejor si no le hubieran perdonado ni un céntimo a los alemanes. Al menos ahora su negativa a devolverles el favor tendría sentido.

Normal que el eurogrupo tenga casi tanto miedo al referendum griego como lo tengo yo a que Podemos se arrime al PSOE, los dos hacemos bien. ¿En serio soy el único que no puede ver delante a Sánchez? Qué rápido nos olvidamos de lo que hacen los políticos, que es o que verdaderamente habla de ellos:  No nos acordamos de que en 2011 el bueno de Pedro votó para la modificación del artículo 135 de la constitución hipotecando nuestra soberanía y dando prioridad al pago de la deuda sobre el bienestar de los españoles.  Porque eso no creo que fuera un error como cuando votó a favor de la contrareforma de la ley del aborto. Olvidamos también que su regenerado PSOE estuvo a favor – estando él ya a cargo- de que la Ley Sinde no se limitara a webs de enlaces sino que pudiera actuar también en contra de usuarios de buena fe.

Lo que yo les diga, señores,  mala memoria como problema general.

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