Columnistas: Acción y reacción

Acción y reacción, reconocimiento de derechos contra transfobia

El día 17 de marzo se aprobó en Madrid la Ley de identidad y expresión de género e igualdad social y no discriminación de la Comunidad de Madrid (a partir de ahora LIEGISD). Se trata de una Ley que va en la misma línea que la Ley integral para la no discriminación por motivos de identidad de género y reconocimiento de los derechos de las personas transexuales de Andalucía (en adelante Ley trans de Andalucía). La LIEGSID está redactada con mayor claridad, y que llega donde la ley trans de Andalucía no se atrevió a llegar.

Ambas leyes garantizan el derecho a la libre autodeterminación del género de la persona, como requisito para alcanzar un pleno desarrollo de la personalidad. Este derecho se reconoce y lo reconocen también a los menores de edad, que serán amparados en este sentido por los organismos gubernamentales de defensa de los menores de edad (art. 6.5 en la LIEGISD de Madrid, y 19.5 en la Ley trans de Andalucía), si bien, mientras que en Andalucía los políticos no se atrevieron a redactar el texto claramente, y en su lugar terminaron poniendo un confuso jeroglífico que da lugar a ser interpretado de diversas formas, en la ley madrileña se ha puesto a las claras.

Unos días después, me llegó el siguiente mensaje a través del formulario de contacto de mi tienda online, la.trans.tienda, en la que vendo productos para personas trans, y a través de la que proporciono asesoramiento gratuito.

Crewe Magazine Acción y reacción

Este mensaje fue enviado a las 01:23 de la mañana. Un poco tarde para un “niño”. No me costó trabajo imaginarme que Mrxxx, de nombre anónimo y sin foto, era en realidad un adulto que estaba de vacaciones por la semana santa (me escribió el correo en la madrugada del Jueves Santo), que había leído suficientes noticias escritas desde los medios de comunicación de la Iglesia Católica, y que estaba deseando demostrar lo malvados que somos los transexuales.

MrXXX no sabía que le conozco muy bien. En su imaginación, a este lado de la pantalla del ordenador se encontraría una persona con tetas de silicona y un gran pene en permanente estado de erección deseando encontrar a una tierna criatura que se le pusiera a tiro, para abusar sexualmente de ella.

Las fotos de mi boda, que están en el blog, o de macetas y motivos hogareños, o de mi hermana probándose pelucas no consiguieron ponerle sobre la pista de la realidad ni por un segundo, así que seguramente me envió el correo y se fue a dormir excitado, esperando la obscena respuesta que le enviaría al día siguiente.

MrXXX ni siquiera se imaginaba que yo había terminado mi turno de trabajo ese día a las 20:00, que había llegado a casa a las 21:00, y que al día siguiente me tenía que levantar de nuevo a las 05:00 para entrar a trabajar a las 07:00. No se imaginaba que el que escribe estas líneas es un camarero que se pasa 8 horas al día trabajando, y dos horas en el autobús. Por eso, cuando a la mañana siguiente se levantó y vio que no le había respondido, se sintió tan defraudado que no pudo resistirse a enviar un segundo correo (que llegó antes de que yo volviese a casa de trabajar).

Crewe Magazine Acción y reacción (2)

MrXXX quería denunciarme. Estoy seguro de que todavía lo quiere hacer, y soy consciente de que, al escribir esto, estoy corriendo un cierto riesgo (y por extensión, también lo corre Alfonso Rois, el editor de Crewe Magazine). Así que antes de continuar me gustaría señalar que el carácter confidencial de las comunicaciones se acaba cuando una de las dos partes, el emisor o el receptor, decide difundir la información. Además, ninguno de los mensaje contiene información de carácter personal, ya que se trata de un mensaje enviado a través de un formulario, si nombre, y desde un correo electrónico anónimo. No hay obligación legal o moral de guardar estos mensajes anónimos y maliciosos en secreto.

En su afán por denunciarme, mi anónimo amigo había cambiado su estrategia. Quizá decidió que tal vez no estaba enfrentándose a un pervertido que ofrecía a los niños cosas gratis a cambio de sexo, pero estaba seguro de que al menos no podría resistirme a atraer a la criatura inocente que fingía ser hacia la oscuridad y depravación trans.

Terminé con este asunto respondiendo a MrXXX que sus correos serían ser guardados para realizar la pertinente denuncia. En ello estoy.

Quiero denunciar el odio que siembran en las mentes de la gente común todas las comunicaciones emitidas por los medios afines a la Iglesia Católica y a la derecha más rancia. No hay derecho a que tenga que soportar que un justiciero enmascarado se dedique de forma insistente a enviarme correos electrónicos con la intención de tenderme una trampa, simplemente porque asume que si soy una persona trans me dedicaré a asuntos sucios y obscenos.

No hay derecho a que esas empresas siembren el odio y yo, así como otras personas igual que yo, recojamos los frutos.

Estoy seguro de que en la mente de ese señor habrá uno de estos dos pensamientos. O bien, que le he pillado y ha fracasado como justiciero, o bien que parece que algunas personas trans no hacemos nada malo, y que en ese caso merecemos que nos dejen en paz, pero que aun así él no estaba haciendo nada censurable, y que como los dos somos ciudadanos de bien, todo queda en paz.

Sin embargo, la mera idea de que cualquier persona trans puede ser sospechosa de acciones turbias, y que cualquier persona cis tiene el derecho de probarnos y tendernos trampas a su antojo, ya es profundamente transfóbica y repugnante. Estoy cansado de ser sospechoso de cosas (de tener trastorno mental, de querer aprovecharme de los impuestos ajenos, de querer pervertir a los niños inocentes…), y de tener que demostrar constantemente mi inocencia, por el simple hecho de respirar. También estoy harto de que, una vez demostrado que soy un buen ciudadano, nadie se tome la molestia de pedirme disculpas por haberme sometido a sus pesquisas.

Sin embargo, aunque no haya derecho a que estas cosas ocurran, es algo que no se puede evitar mediante las leyes.

Hace unos meses escribía en esta misma columna un artículo llamado donde la ley no llega, en el que comentaba que no todo puede solucionarse a golpe de ley. En concreto, el odio no puede eliminarse con leyes. Con un poco de suerte, podrás conseguir que la gente deje de expresar y fomentar el odio públicamente estableciendo límites a la libertad de expresión, pero con eso lo único que conseguirás será que el odio aumente.

Es posible (y se debe) endurecer los castigos por los crímenes de odio. Con eso quizá se logrará una disminución de los asesinatos y agresiones a la personas pertenecientes al colectivo que es necesario proteger (negros, musulmanes, inmigrantes, gays y lesbianas, personas trans*… ¡Hay tanto odio para repartir!). Con eso se conseguirá, al menos, eliminar la impunidad en los delitos, y que a los ojos de los posibles delincuentes, atentar contra la vida o la integridad física de una persona no sea tan sencillo. Que sea algo cuestionable. Que al menos se cuestionen que en el futuro podrían verse respondiendo por lo que han hecho ante un policía o un juez. Lo que no conseguirás será que dejen de odiar.

Incluso es posible que lo único que consigas es una reacción negativa: el aumento del odio. Un aumento del odio que lleva a la radicalización de las sociedades, a la creación de bandos. Lleva a buscar a los otros que también odian, y a hacerles llevar a cabo acciones para alcanzar el poder, con el objetivo de revertir la situación actual, e incluso ponerla más a su favor. Igual que su odio ha sido reprimido anteriormente por las personas odiadas y sus aliados, ahora serán ellos quienes opriman y repriman. Les parecerá justicia.

En los últimos años, España se ha convertido en un país muy politizado, y de repente parece que hemos perdido de vista hacer hincapié en la educación, en la visibilidad, en las acciones suaves que calan poco a poco en lo más profundo de la sociedad. Es necesario que la lucha por los derechos (de cualquier colectivo, no sólo del LGBT) se apoye firmemente tanto en la promoción legal de la igualdad, como en la creación de un sustrato cultural en el que esa protección legal ya no sea necesaria. Las leyes son necesarias, la educación también.

Dicen que la pluma es más fuerte que la espada. Habría que añadir que el maestro es más fuerte que el diputado.

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Sobre el autor: Pablo Vergara Pérez es uno de los activistas y bloggers trans con más relevancia en el estado español. Actualmente reside en Escocia y se prepara para sacar su primer libro, de contenido autobiográfico “Aprendiendo a vivir de otra forma: diarios de un hombre trans.” Puedes recibir todas sus publicaciones dándote de alta en su lista de correo http://www.pablovergaraperez.com/go/alta-en-la-lista-de-correo/

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