Columnistas: Crónicas de un ACE

 

Os escribo este nuevo curso desde la seguridad que da saber que he sido agraciada en la opoloto con una vacante (trabajo para el curso completo) en un Aula de Compensación Educativa, ACE para los amigos.

A buen seguro estas palabras no os dirán nada, pues hay muchísimos colegas de primaria que no tienen idea de que esto exista. Es muy poco conocido.

Para explicar lo que es, pensemos en la situación de un o una adolescente con catorce o quince años, un nivel curricular propio de Primaria, cierta conflictividad y absentismo escolar. Ante la imposibilidad de obtener el graduado de la ESO y la obligación de esté escolarizado o escolarizada hasta los 16 años, el sistema idea unas aulas en las que se adapte la enseñanza totalmente a su nivel, parta de donde parta, con una media de entre cinco y siete alumnos por clase, y reciba clases de cultura general (lengua, matemáticas, naturales y sociales), educación física, orientación profesional y aprenda un oficio.

Este o esta adolescente si cursa el ACE con aprovechamiento luego podrá matricularse en FP Básica (antiguo PCPI, no equivalente al graduado en ESO pero sí permite el acceso a FP de grado medio) o, lo más probable, accederá durante dos años a una UFIL (Unidad de Formación e Inserción Laboral) en donde seguirá cursando áreas de cultura general, perfeccionando el oficio adquirido en el ACE o adquiriendo otro distinto y podrá optar a prepararse el examen de graduado en ESO o a acceder, ya con más solvencia, a la FP Básica.

Ahora bien, si el o la adolescente no cursa con aprovechamiento el ACE, no titula, no se le reconoce ninguna competencia profesional y se ve en casa con 16 años, sin posibilidad de acceder a la Educación Secundaria para Personas Adultas (ESPA) hasta los 18.

Las ACEs están especializadas. Las hay de estética, de jardinería, de automoción… lo que implica que nuestro o nuestra adolescente en cuestión debería elegir sus preferencias y después desplazarse al centro más cercano que ofrezca la que le interesa. Si su ACE favorita se encuentra en su Instituto de origen, no será otra cosa que una feliz coincidencia.

Humildemente, cuando me tocó elegir centro no sabía que este programa existiera. En la hoja que se me repartió para escoger centro, lo que figuraba era que necesitaban un docente de Primaria para asumir un Aula de Enlace que, para quien no lo sepa, son aulas destinadas a alumnos extranjeros sin conocimiento del idioma o a alumnos que, teniendo un conocimiento del idioma, han sufrido graves irregularidades en su escolarización. En consecuencia, en mi primer día de trabajo me presenté en el instituto preguntando por el Aula de Enlace y la conserje no sabía muy bien de qué le estaba hablando, hasta que localizaron al jefe de estudios y se resolvió el misterio.

Pronto me di cuenta de que las ACEs son un mundo aparte. En mi instituto tiene edificio propio. El horario de los estudiantes es completamente distinto al general: entran, salen y tienen el recreo a horas diferentes. Incluso su curso comienza más tarde: el 28 de septiembre, algo que agradezco porque me está permitiendo prepararme para un tipo de trabajo que es totalmente distinto al que había hecho hasta ahora.

En los días previos al inicio de curso  programamos, entrevistamos a los estudiantes y a sus familias y gestionamos las matrículas, por lo que  todavía no he empezado a impartir docencia, pero ya les estoy conociendo a través de estas entrevistas.

Evidentemente, pienso guardar la confidencialidad que se me pide. No voy a brindar información personal de ninguno de mis alumnos. Sin embargo, quiero compartir las primeras conclusiones a las que he llegado observando el desarrollo de las entrevistas. Tal vez estas conclusiones puedan ayudar a algún padre o madre a evitar que sus hijos acaben pasando por uno de estos lugares.

Estas son las conclusiones:

  • No es aconsejable mentir a los docentes. Nos damos cuenta y juega en contra de la colaboración mutua que debemos tener para hacer lo mejor por tus hijos.
  • En demasiadas ocasiones los padres (diría más, las madres) temen a sus propios hijos.
  • Como suele decir Emilio Calatayud, el popular juez de menores, no se trata de ser colegas de los hijos, sino de ser sus padres. Si no ejercemos de padres, dejamos a nuestros hijos huérfanos. Sin embargo, como factor de protección ante muy diversos problemas es necesario que haya confianza, que la información fluya y que conozcamos a todas sus amistades.
  • Es usual que se confunda ser estricto con dar gritos. Los gritos no sirven para nada. Lo que sirve es la coherencia: si el o la joven no cumple con sus obligaciones, es necesario que haya consecuencias.
  • Los estudiantes del ACE no tienen en común una etnia, una religión o un estatus económico. Lo que tienen en común es la falta de normas y responsabilidades en casa, una escasa tolerancia a la frustración y una situación familiar desestructurada.
  • Es más probable que acaben aquí alumnos con TDHA que no han recibido un tratamiento adecuado que alumnos sin este trastorno.
  • Si hay un factor que previene el consumo de drogas es la práctica regular de un deporte.
  • El exceso de tiempo libre y la facilidad para acceder al dinero son la génesis de muchos vicios.
  • Las probabilidades de éxito son mayores con chavales motivados. Hay que buscar que entienda por qué está ahí, por qué debe estudiar, y pedirle gradualmente cosas que vaya siendo capaz de hacer. Tengamos en cuenta que muchas veces no es que se nos dé bien lo que nos gusta, sino que nos gusta porque se nos da bien.
  • Los padres son totalmente responsables de cuanto hagan sus hijos mientras sean menores, sí. Por absentismo escolar y otras cuestiones se pueden pagar multas bastante dolorosas. No obstante, no hay que perder de vista que a partir de lo 14 años pueden estar metidos en un centro de menores pagando así sus culpas en primera persona y que la Fiscalía, cuando lo considera oportuno, actúa de oficio, sin denuncia previa.

En educación no hay recetas. Cada chaval es un mundo. Pero cuando una ve qué variables en común parecen llevar por el mal camino ¿qué menos que darlas a conocer?

 

Silvia Moreno.

Vocacional de la educación, interina en Madrid y coautora del libro “Diez criterios para orientar a los hijos al éxito” de CCS ediciones.

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