La Reseña: Puñales por la espalda

Rian Johnson juega y gana al ‘Cluedo’.

Estoy seguro de que, tras el nuevo rumbo tomado por la franquicia más famosa de la galaxia, equivocado y hasta imperdonable para unos cuantos, pero refrescante e interesante para otros tantos entre los cuales me encuentro, resulta difícil apartar el nombre de Rian Johnson del de Star Wars, y, si hay algo que el estadounidense demostró con The Last Jedi es que tiene una gran capacidad para modificar lo que muchos espectadores dan por establecido. Esto vuelve a suceder en Puñales por la espalda, la nueva película que, escrita y dirigida por el propio Johnson, llegó a las salas españolas el pasado viernes.

Si en el caso de su última obra el universo a moldear era el de los personajes creados por George Lucas, en este, la elegida es una temática que parece permanecer en el inconsciente colectivo durante generaciones. A algunos les pudo llegar en el cine, mediante Asesinato en el Orient Express, a otros a través de algunas de sus hermanas literarias perpetradas por Agatha Christie, también la pequeña pantalla ha ayudado a conformar estos esquemas en la cabeza de los espectadores gracias a series como Se ha escrito un crimen o la animación japonesa Detective Conan. De cualquier modo, todos sabemos lo que es una historia de ¿Quién ha matado al mayordomo?, o en este caso: ¿Quién ha matado al señor Harlan Thrombey?. El fallecimiento de este afamado escritor de novelas de misterio interpretado por Christopher Plummer es el que da el pistoletazo de salida a una trama ciertamente coral en la que su familia, la familia Thrombey, entre cuyos miembros, descendientes del novelista, podemos contar a personajes interpretados por Jamie Lee Curtis, Don Johnson, Chris Evans, Toni Collette, Katherine Langford y el siempre magnífico Michael Shannon; así como Marta Cabrera, la enfermera del malogrado anciano que interpreta de modo impecable una Ana de Armas ya asentada tras aterrizar de su salto a Hollywood, son la diana sobre la cual ponen sus ojos dos agentes de la ley asesorados por el misterioso Benoit Blanc, un excepcional detective privado en cuya piel encontramos al maravilloso Daniel Craig, que tratará de esclarecer la muerte del escritor. Los sucesos ocurren, en gran medida, en la mansión de la familia, un misterioso, recargado y precioso decorado que como dice uno de los agentes “parece un tablero de Cluedo”, y acaban por conformar una auténtica joya del género, que a su vez Rian Johnson es capaz de, por momentos, disfrazar de comedia e incluso transformar en un thriller manchado de buenas dosis de suspense.

La realización, sin tener demasiada necesidad de destacar, engatusa, funciona a la perfección, y baila entre registros sin perder ni una pizca de fluidez, del mismo modo que los demás apartados técnicos de la película. Lo que sí sobresale, además del gran soporte proporcionado por el elenco, es, a mi entender, uno de los mejores y más divertidos guiones firmados en Hollywood durante los últimos años. Sin necesidad de recurrir a la adaptación, aunque existiendo, evidentemente, un buen número de paralelismos y referencias a novelas y otras cintas de misterio homicida y detectivesco, Johnson hilvana una historia original, llena de quiebros, vueltas y peripecias, que desemboca, como no podría ser de otro modo, en una explicación final que, seguro, satisfará las expectativas de los espectadores que se decidan a pagar por ver esta película. Pero la historia no se queda ahí, y al entramado criminal se le suma algo que creo necesario subrayar: un trasfondo político satírico y ácido, que llega a juguetear con la denuncia social en algunos momentos y trata de poner los puntos sobre las íes a la, antes emergente y ahora ya existente, alt-right estadounidense.

Quizás es arriesgado decirlo, pero ya que la proliferación de películas whodunit, o ¿Quién lo ha hecho?, no es extremadamente grande en la actualidad, me veo dispuesto a afirmar que Puñales por la espalda es, y probablemente será, de entre todas las obras de su estilo, la película definitiva de la era Trump, y por tanto, acudir a las salas para disfrutarla se hace muy recomendable para cualquier espectador, y probablemente imprescindible para cualquiera que se considere amante del misterio.

Javier G. Sobrado

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