Especial: Top ten Clint Eastwood

Pocos, por no decir nadie, pueden presumir de una carrera tan dilatada y llena de éxitos como el californiano Clint Eastwood. Tras 55 películas a sus espaldas y los 90 años que cumplirá el próximo mes de mayo, parece ser, que para deleite de todos sus fans, aún no ha pensado en la jubilación. Después de haber conseguido cuatro Oscar podríamos decir que no le queda nada por conseguir, pero afortunadamente sus desafíos personales, convertidos en películas, son constantes. Western, acción, comedia, drama, lo ha tocado prácticamente todo, y en todo ha dejado huella. Este es mi top 10: resultado de la mezcla de sus mejores películas, tanto de actor como director:

10. BRONCO BILLY (1980)

Empezaremos está lista con esta comedia de acción, que pese a ser mimada por la crítica, resultó ser una de las cintas menos taquilleras de su carrera. Eastwood homenajea al Oeste estadounidense, auto parodiándose con bastante gracia, en esta comedia, junto a Sondra Locke, que por aquellos tiempos era su compañera sentimental. El reparto se completó con Scatman Crothers (“Alguien voló sobre el nido del cuco”) y Geoffrey Lewis (“Medianoche en el jardín del bien y del mal”). Tierna, original y a distancia sideral de sus thrillers convencionales de ‘polis duros’, es el tipo de película que sólo él podría hacer.

9. JINETES DEL ESPACIO (2000)

Esta cinta es una lección de puesta en escena clásica. Tiene un aspecto anacrónico, como si fuera una película realizada hace muchos años por un cineasta de la época clásica de Hollywood. Vemos el tratamiento de Western y la genial forma de unir pasado, presente y futuro mediante el excelente inicio y final del film. Muestra un humor tónico, seco que se resuelve en una sonrisa o en un guiño. La vejez, el dolor físico, las limitaciones corporales, la edad o la idea de la muerte no son asuntos que asusten, a lo más se miran con cierto estoicismo. Eastwood hace una elegía a la juventud, recuperada en la ilusión de una última aventura de un grupo de amigos. Auténticos vaqueros que, al reencontrarse después de mucho tiempo, entre risas, recuerdan viejas hazañas y se sienten dispuestos a hacer una locura de viaje. Resultó una de las cintas más taquilleras.

8. EL FRANCOTIRADOR (2014)

En el número ocho, a priori, una película que poco tendría que ver con los western, pero que los evoca sin complejos.

Esta cinta se inicia en silencio, como muchas de sus obras como director. Decimos que homenaje a los western, no sólo en el retrato de los iraquíes (podrían ser los indios de muchos loables western de antaño), sino también en la puesta en escena. Encontramos un instante único cuando Eastwood incide en uno de sus temas predilectos, la infancia rota. Una vez más muestra que las mayores víctimas de cualquier guerra son los niños, y lo plasma en una secuencia brutal en la que un taladro deja un recuerdo imborrable. El otro momento épico del film sería el duelo final, en el que Sergio Leone es evocado de forma inesperada, una tormenta de arena borra cualquier suceso acontecido, alegoría de que en una guerra no hay buenos ni malos, sino vivos y muertos.

7. EL BUENO EL FEO Y EL MALO (1966)

En el número siete, siguiendo con los western, y ya mostrando la clásica faceta de Clint como actor, diré que esta es en mi opinión, la mejor película western de todos los tiempos. A destacar, la música de Ennio Morricone, cuya creación melodica se convirtió en una de las clásicas del género. Revolucionó el western hasta el punto de que hoy, el escaso cine que se hace de western sigue sus pautas en toma de planos, ambientación, cinismo de ciertos personajes, etc. Clint Eastwood es el gran protagonista del largometraje y el que le dió una gran popularidad como actor en su papel del “bueno”. Destaca la famosa frase del final: «El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas». También ensalzaré la curiosa anécdota que cuenta Clint sobre el poncho que vestía en la película: “El poncho lo compré en España. Nunca tuve un duplicado de él. En la mayoría de los rodajes todo está duplicado o triplicado en caso de que pierdas algo o se estropee. Pero de aquel poncho nunca tuve duplicado. Claro que con el tiempo, y ya que lo usé en tres películas sin ni siquiera darle un lavado, estaba asqueroso. Ahora está colgado en la pared de un restaurante mexicano que tiene un amigo mío en Carmel»

6 . MYSTIC RIVER (2003)

En el número seis, encontramos una película de la que se puede decir que es también un western urbano moderno. Clint Eastwood transforma notablemente el best seller de Dennis Lehane en una película casi perfecta en la que la historia que nos cuenta, junto a unas más que acertadas escenas, alcanzan una sintonía muy pocas veces igualada. Es una de las películas más redondas del director, que consigue sumergir al espectador en una atmósfera sórdida, llena de intriga y emoción. Un desarrollo perfecto, un reparto sobresaliente ( Sean Penn y Tim Robbins, oscarizados ambos) y un final sobrecogedor que no da tregua.

5. MILLION DOLLAR BABY (2004)

Cuando Clint parecía haber tocado al cumbre de su carrera con Mystic River, hizo lo que muy pocos consiguen; superarse. Para perfilar esta historia, Eastwood se apoya en dos pilares, por un lado, la fotografía obra de Tom Stern, en el que quizá sea su mejor trabajo, y por otro lado, la obtención de unos personajes que parecen sacados de un cuadro de Caravaggio, ocultos entre sombras acordes con sus vidas, destrozadas hace ya tiempo, algunas de ellas con una última oportunidad de ser alguien, o de ayudar a alguien a serlo. Es la historia del dueño de un gimnasio al que acude una chica, Maggie, que quiere ser respetada en el mundo del boxeo. Desde el principio se crea una relación paterno filial basada en el respeto y la admiración, que más tarde se transforma en un vínculo más fuerte. Al igual que en una de las peleas del film, en un momento de la película, un golpe nos tumbará para no permitirnos levantar de la butaca hasta el final. Million Dollar Baby, como Mystic River, solo se puede mirar de frente, sin lágrimas, pero con un nudo en la garganta. No podemos verla como un simple film pugilístico, sino como un conjunto de secuencias que juntas tratan de resolver temas demasiado profundos.

4. LOS PUENTES DE MADISON (1995)

En el número cuatro nos encontramos a un Eastwood en teoría desubicado, lejos de su registro habitual trás décadas consolidado como el tipo más duro del cine. Clint, se entrega a tumba abierta, tanto delante como detrás de las cámaras, a los caprichos del amor, en este melodrama romántico de factura elegante y sencilla, de aire nostálgico y emociones contenidas. El resultado: un atemporal relato de amor en el que cada silencio cuenta una historia. La pasión entre sus dos protagonistas es más latente que evidente, con un final precioso que mantiene al espectador sin respiración. Uno de los mejores dramas románticos de la historia del cine.

Basado en la novela de Robert James Waller. Se sitúa en 1965 narrando la historia de Francesca; (Meryl Streep), y Robert (Eastwood) y su corta pero intensa historia de amor. Eastwood hace gala de una impresionante mezcla de sensibilidad y fuerza. El amor que sienten los dos se respira, se siente, se intuye, pero casi nunca se ve. Legendaria es la escena donde Eastwood dice: «No quiero necesitarte…porque no puedo tenerte» para a continuación suplicar desesperadamente: “¡Ven conmigo!”.

3. MULA (2018)

Siguiendo con el tono melancólico y de gran calado emocional en el que se ha movido Clint en la última decada, colocamos en el último puesto del pódium a este thriller policíaco. Inspirada en una historia real, Earl Stone, un veterano de guerra de Corea ya octogenario se ve obligado a cerrar su negocio de horticultura por la competencia de internet. Entonces decide aceptar una oferta para transportar droga a las órdenes de un cartel mexicano. Además del tema del tráfico de drogas, las relaciones superfluas que se crean en ese ambiente y la violencia implícita en el film, Eastwood añade a esta cinta una perspectiva emocional en torno a un personaje que, en los últimos años de existencia, se da cuenta de que llevó a cabo un gran error vital: priorizar el trabajo a su familia. Este es el modo en el que el brillante director inyecta a la película, a través de su cuerpo envejecido y su rostro arrugado, toda una carga histórica respecto al fin de la existencia vital.

2. HARRY EL SUCIO (1971)

En un merecido puesto número dos he colocado la mítica historia de Harry Callahan, una de las obras más consistentes del director, pese a lo discutible de sus implicaciones ideológicas. Es un thriller moderno y trepidante, muestra del cine policíaco de última generación. La cinta fue un éxito rotundo y catapultó a la fama a Clint. Dirigida por Don Siegel y protagonizada por Eastwood fue una de las películas más taquilleras de 1972 y la más popular tras El Padrino.

Un antihéroe en la sombra cuyos métodos se alejan de lo ortodoxo, pero que acaban salvando vidas. Eastwood, da vida a este policía machista y con dejes racistas, aunque su odio se extiende a todo el mundo por igual. En su día fue tratada injustamente como una apología del fascismo. El rigor de su puesta en escena y el admirable clima de tensión conseguido la convierten en una de las piezas clave del cine de acción de los 70. Fue un auténtico bombazo que pedía a gritos una prolongación. Así, vería la luz una serie fílmica policial, que marcaría un antes y un después en el cine policíaco, y que sería imitada, hasta la saciedad.

1. GRAN TORINO (2008)

Como no podía ser de otra manera, el número uno es para esta obra maestra. Construida con la coherencia, la precisión y la maestría de las mejores películas del cine clásico. Cuenta la historia de cómo un anciano misántropo interpretado por él mismo recupera su humanidad en la recta final de su vida. Es una historia de redención del protagonista y de él mismo, ya que se pone por primera vez delante de su propia cámara y le da un tono autobiográfico.

Nos presenta la oscuridad del protagonista de modo casi poético a través de la luz como elemento expresivo; penumbras, claroscuros, sombras. Usa de nuevo el recurso de los cuadros de Caravaggio. Gran torino, reflexiona en una mezcla de lógica, sinrazón e ironía, sobre el mal llamado problema racial. Siempre en compañía de un guión inteligente, Eastwood logra equilibrar dosis de humor y drama, de heroicidad y bajeza en un juego de contrarios. Con esta película se ha conseguido una sabia evolución vital y una mejor lección moral ante el espectador, que comienza repudiando la intolerancia del protagonista y acaba sediento de venganza. Y es que al final, de verdugo a víctima, de héroe a mito, solo existe un paso.

Finalmente, me quedo con una frase de Gran Torino que podría definir a la perfección toda su carrera: «¿Te has dado cuenta que, de vez en cuando, te puedes encontrar con alguien con quien no deberías meterte? Ese soy yo».

Andoni La Red


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