Electrónica: Trance

Desde que la anatomía del complejo entramado vertebral permitió al homo sapiens y a toda su cadena evolutiva alzar su cabeza para mirar hacia el cielo, un único anhelo se presentó como gran enigma universal: ¿Qué son esas luces que vemos y nos guían en lo más profundo de la oscuridad nocturna? Religiones, mitologías y demás creencias han ido desde su nacimiento en sintonía con el objetivo de darle un sentido a esta gran interrogante, no obstante, como con todo o al menos la mayoría de fenómenos que ordenan el cosmos, acabaría siendo la ciencia quien esclarecería nuestra posición en el universo, llevándonos más allá de nuestra atmósfera para surcar los mares del firmamento. Las artes, como otras grandes inquietudes del ser humano, reflejaron a lo largo de cada una de sus etapas y manifestaciones como estas eran concebidas, desde la Noche estrellada de Vincent Van Gogh hasta la aclamada película de Kubrick, 2001: Una odisea del espacio, pasando por obras literarias como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Phillip K. Dick. Los distintos artistas han tratado de reflejar y expandir la infinitud del cosmos en sus correspondientes formatos. No obstante, una de las grandes ramas del arte había quedado marginada por su falta de medios; la música.

Las composiciones musicales han sido desde su nacimiento una fiel representación del legado terrenal de la raza humana, la cual no encontraba en su inventario un instrumento que fuese capaz de reflejar fielmente el espíritu infinito del universo. Todo esto cambiaría con la llegada de electrónica, que abría un amplio abanico de posibilidades entre las que se incluía la representación del cosmos, por lo que desde los años 70, artistas como Vangelis han hecho uso de los sintetizadores y las cajas de ritmos para crear con ellos el denominado sonido del futuro. Fue así como influenciado por corrientes como el house el techno o la música clásica nació el trance, conocido en sus inicios como house atmosférico, una de las corrientes más intimistas de la música electrónica y que ha tenido como principal propósito desde su origen sugestionar al oyente hasta conducirlo a un estado de evasión mental.

El trance, a pesar de estar considerado en nuestros días como un subgénero plenamente caracterizado e identificable en la música electrónica, nunca tuvo un punto de inicio concreto dentro de su particular línea cronológica. Al igual que otras manifestaciones, hunde sus raíces en la hibridación que diversas corrientes han hecho entre sí o con elementos propios de su contexto espacio temporal. De este modo, el trance bebe directamente de la aproximación del house y el techno con los postulados de las distintas escenas de New Age que se han ido propagando por los distintos países, especialmente de la llamada Escuela de Berlín de música electrónica, que vinculó a muchos de sus exponentes como Ash Ra Tempel o Klaus Schulze con la estética y las composiciones de corte cósmico. También el techno desde sus orígenes en la ciudad de Detroit se ha aproximado a lo que a posteriori se conocería como el trance a través de las composiciones del grupo alemán Kraftwert. Sin embargo, no sería hasta la consolidación del acid house a mediados de la década de los ochenta cuando el trance empezó a adoptar una forma propia con la que conformarse como un género independiente. Pioneros como The KLF empezaron a elaborar piezas house añadiendo motivos propios del jazz, el house y especialmente del New age, dando paso a un estilo de música electrónica que paulatinamente ha ido creciendo y consolidándose por las distintas emisoras de Europa.

Uno de los temas más conocidos de Robert Milles

De este modo el trance fue expandiéndose por el viejo continente a lo largo de la década de los noventa hasta llegar a nuevos destinos como Norteamérica o Asia, en donde se comenzarían a crear paulatinamente sus respectivas escenas bajo el influjo de compositores europeos como el italiano Roberto Concina, más conocido como Robert Milles. Durante esta etapa también aparecieron diversas ramificaciones del trance como el hard trance o el uplifting trance llevando al género a una meritoria posición en términos de comerciabilidad y popularidad, llegando ampliamente consolidados hasta nuestros días, los que seguramente se puedan catalogar como “la edad del oro” abanderada por artistas com Tiësto, Armin van Buuren o Paul van Dyk, quienes con su música han elevado a su máximo exponente uno de los grandes hijos de la música electrónica.

D. Andrade


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