Electrónica: Eurodance

La historia del arte, sin afán de incluir en lo general a cada excepción, está marcada por sus profundas raíces en el continente europeo, o al menos, la mayoría de manifestaciones artísticas que a día de hoy conforman el imaginario colectivo de la cultura occidental. Desde los grandes referentes pictóricos de las distintas escuelas europeas como las cortes italianas o españolas pasando por el impresionismo cultivado en naciones como Francia o los Países Bajos. La escultura, desde los cánones de la antigua civilización griega, también ha encontrado a lo largo del viejo continente un rico sustrato en el que florecer. Incluso el cine, tan asociado a la basta industria norteamericana, tiene sus orígenes en la vetusta Europa con el surrealismo de Buñuel, el expresionismo alemán o a través de figuras “robadas” como Charles Chaplin o Alfred Hitchcock, ambos originarios de Londres. Incluso la música es en su mayoría proveniente de compositores europeos, tanto en la antiguedad con baluartes como Mozart, Beethoven y Haydn o The Beatles, The Rolling Stones o Pink Floyd en las últimas décadas. No obstante, si un género destaca por manifestar sentimiento de pertenencia alejado a las fronteras europeas, ese es sin duda la música electrónica, que pese a ser ampliamente cultivada en todo el mundo tiene sus raíces en las ciudades de Detroit, Chicago y Nueva York. Sin embargo, siempre hay una excepción que confirma la regla, por lo que el eurodance nació en los ochenta como una de las pocas figuras culturales que Europa adoptó de Norteamérica.

El eurodance no engloba realmente un género en sí, sino que bajo dicho término se conjugan una amplia serie de subgéneros producidos principalmente en Europa a partir del house, el disco y el techno provenientes de los Estados Unidos a partir de finales de los setenta, como el eurotrance el euroreggae o el italodance. Su período de máximo esplendor abarcó entre la década de los ochenta hasta los inicios del nuevo siglo llegando a situarse en posiciones notables en las listas de éxitos de los distintos países gracias a su relación con artistas y bandas de otros géneros. Su característica más notable y extrapolable a todas las manifestaciones que abarca este amplio paraguas, es la presencia de una voz solista cantando sobre temáticas optimistas y animadas, acompañada de una composición instrumental que por norma general adopta una mayoritaria influencia de otras formas como el house y el techno, a lo que hay que sumar un patrón rítmico caracterizado por la presencia de beats muy marcados.

Retomando su historia, a pesar de nacer a finales de los setenta, no fue hasta dentro de dos décadas más tarde, es decir, en la década de los noventa, cuando alcanzó su cénit llegando a conocerse como Euro NRG o Dancefloor. Durante estos años fueron apareciendo muchos de los grandes referentes de este movimiento como 2 Unlimited, Culture Beat o DJ Bobo. Fue también durante esta época cuando el euro dance comenzó a industrializarse al atraer el interés de numerosas y muy diversas discográficas a lo largo de toda la geografía europea llegando incluso a copar puestos considerablemente respetables en los rankings de hits. No obstante, tras una década de consolidación y posterior éxito, el género se fue diluyendo hacia finales de la década debido a la falta de intensidad en sus composiciones y al uso abusivo del cover. Esto último privó al eurodance de ser capaz de desarrollar una personalidad propia que lo desmarcase con mayor precisión del resto de subgéneros de la electrónica con los que convivía. Ahora bien, este no fue ni mucho menos su final debido a la proliferación de manifestaciones muy localizadas como el eurohouse y especialmente el italodance, que encontró en el célebre compositor Gigi D’Agostino a su máximo exponente.

Durante los años posteriores y durante la actualidad todavía se producen obras enmarcadas en este género gracias a las composiciones de grupos como Italo Brothers, Eiffel 65 o al uso que grandes artistas del pop han hecho del euro dance como Cher, Lady Gaga o Madonna, demostrando que a esta rama de la música europea todavía le queda mucho trayecto por los altavoces de todo el mundo.

D. Andrade


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