Historia de la música: El nacimiento del heavy metal (II)

¡Ya estamos de vuelta, y es hora de terminar con este bonito relato lleno de curiosidades sobre el nacimiento del heavy metal! Si todavía no habéis leído la primera parte, ¿a qué estáis esperando? ¡Corred a echarle un vistazo!

En fin, en el artículo anterior os hablé ya de unas cuantas cosas cruciales sobre este género, pero todavía queda una pregunta importante por poner sobre la mesa: ¿de dónde sale su nombre? ¿A qué se debe la expresión “heavy metal” (literalmente, “metal pesado”)? Bueno, en el caso que nos ocupa no tiene nada que ver con los elementos de la tabla periódica. O sí, quién sabe, porque lo cierto es que no se conoce con seguridad el origen de la utilización de este término en el mundo de la música. El historiador del heavy metal Ian Christe considera que podría provenir, en última instancia, del lenguaje hippie, donde “heavy” sería sinónimo de “potente” o “intenso” y “metal” describiría un estado de ánimo de agobio y pesadez, características que se pueden asociar con el metal. La palabra “heavy” usada en este sentido era un elemento habitual en el beatnik y posteriormente en el slang de la contracultura hippie, y las referencias a la “heavy music” –típicamente versiones más lentas y con mayor amplificación del repertorio pop habitual– eran ya comunes a mediados de los sesenta. Era frecuente, por ejemplo, hablar así de la música de Vanilla Fudge, una banda que en su día fue principalmente conocida precisamente por sus versiones lentas y en clave “heavyrock de éxitos contemporáneos. Siguiendo con el rastreo de referencias, el primer trabajo de los ya mentados Iron Butterfly se titulaba ni más ni menos que “Heavy”, y la primera vez que en la letra de una canción se utilizaron las palabras “heavy metal” fue, como ya dije más arriba, en “Born to be wild”. Dicha canción, para mi gusto, encaja más en el género del rock o el hard rock que en el metal (aunque en ocasiones se la asocie con este, como ya comenté), pero en cualquier caso hizo su aportación en la formación de un vocabulario y una serie de sentimientos e ideas que pronto iban a tomar forma en el nuevo estilo musical.

Sea como sea, lo que se sabe con certeza es que la primera aparición del concepto “heavy metal” utilizado para identificar estrictamente un tipo de música rock tuvo lugar el 11 de mayo de 1968 en la revista Rolling Stone, en una reseña que Barry Gifford hizo del álbum “A long time comin’”, de The Electric Flag: “Nadie que haya escuchado a Mike Bloomfield (…) en los últimos años podría haber esperado esto. Esta es la nueva música soul, la síntesis del white soul y el rock heavy metal”. Todavía no se estaba hablando de heavy metal propiamente dicho, pero ya estaba cerca. Casi dos años después, en enero de 1970, Lucian K. Truscott IV, reseñando el disco “Led Zeppelin II” para The Village Voice, describió el sonido con la palabra “heavy” y lo comparó con el de Blue Cheer y Vanilla Fudge. La cosa iba tomando forma.

Ahora bien, el asunto de quién tiene el mérito de la acuñación definitiva de la etiqueta como nuevo género es complicado de discernir. En ocasiones se ha comentado que podría haber sido Lester Bangs, crítico de Creem, quien la habría utilizado en 1968 para describir la presentación del grupo MC5 (Motor City Five). Asimismo, se ha sostenido que fue responsable de la popularización del término a principios de los setenta al utilizarlo para describir a grupos como Led Zeppelin y Black Sabbath. Otra hipótesis afirma que la consagración del nombre comenzó en 1969 y la atribuye al periodista David Fricke, de la revista CIRCUS. Según esta teoría, Fricke agrupó a bandas como Black Sabbath, Deep Purple o Cream dentro de un naciente movimiento al que bautizó como “heavy metal” debido a la similitud con el sonido, la densidad y la pesadez característicos de los que hacían gala los temas del grupo Humble Pie, así como la etérea y dura atmósfera de sus conciertos. Ese mismo año, John Peel, de la BBC, presentó oficialmente a Humble Pie como la primera banda “heavy metal”, no haciendo referencia a su tipo de música y sonido sino al alto volumen que utilizaban en sus interpretaciones de cortes clásicos del blues de los cincuenta. Como curiosidad, su disco en directo Performance: Rockin’ the Fillmore(1971) fue el primer trabajo editado en cuya contraportada aparecía una pequeña etiqueta señalándolo como “heavy metal”, aunque solamente en las primeras ediciones. La trama se enreda todavía más al sumarse a ella Sandy Pearlman, productor, representante y compositor de la banda Blue Öyster Cult, quien asegura que él fue el primero en aplicar el término “heavy metal” a la música rock. Según afirma, en 1971 escribió para la revista Crawdaddy una crítica del álbum “The Notorious Byrd Brothers” (1968), de The Byrds, donde calificaba como “heavy metal” la canción “Artificial energy”.

Los integrantes de Humble Pie

Como se puede apreciar, el panorama se presenta farragoso y resbaladizo, pero por suerte hay algunos datos bien documentados que nos sirven de guía para aclararnos un poco y, al menos, agarrarnos a algo. A finales de 1970 el redactor Mike Saunders utilizó las palabras “heavy metal” en un comentario que escribió en la Rolling Stone acerca del disco “As safe as yesterday is” (1969), de Humble Pie, y volvió a emplearlas unos meses después (1971) en la revista Creem, en una crítica del álbum Kingdom come, de Sir Lord Baltimore, siendo una de las primeras veces registradas (si no la primera) en las que, aparentemente, dichas palabras se referían a un estilo musical completamente nuevo.

Con respecto a la cuestión de la terminología, creo que es importante añadir una última pequeña nota. A lo largo de los años setenta se puede apreciar cómo el término “heavy metal” se confunde a menudo con lo que hoy en día suelen ser considerados como otros géneros, enmarañando todavía más la confusa historia de su etimología. En general, la expresión fue utilizada por ciertos críticos de forma despectiva. Acuñado por el batería de Black Sabbath, Bill Ward, el término “downer rock” fue uno de los primeros en ser usado para describir este tipo de música, y era aplicado a agrupaciones como Black Sabbath o Bloodrock. Y más tarde, “downer rock” fue reemplazado por “heavy metal”. Por otra parte, dado que el metal había surgido en parte del rock psicodélico, también conocido como “acid rock”, el nombre de “acid rock” también se utilizaba de forma general para describir el rock psicodélico más pesado y duro. De hecho, algunos musicólogos han afirmado que, por aquel entonces, la distinción entre acid rock, hard rock y heavy metal era muy tenue, y algunos músicos y gran parte de la prensa consideraban directamente que eran sinónimos. Debido a ello, muchas de las bandas que hoy en día se conocen como de heavy metal eran en aquella época consideradas como de hard rock, y viceversa. Incluso el mismísimo Ozzy Osbourne, según parece, suele referirse al género más como “rock” que como “heavy metal”. No fue sino hasta la llegada de la Nueva ola del heavy metal británico, que tuvo lugar entre mediados de los setenta y principios de los ochenta, que el estilo comenzó a consolidar tanto su nombre como sus sonidos más típicos, los rasgos más característicos que vienen a la mente cuando se piensa en su esencia. El heavy metal tradicional se renovó, redefinió y amplió, evolucionando y convirtiéndose en un rico mundo con un montón de subgéneros, cada uno con sus peculiaridades y características únicas, aunque con un espíritu y elementos comunes. A esta ola pertenecen los nombres de algunos de los grupos de metal más conocidos importantes de la Historia, como Motörhead o Iron Maiden.

Para concluir, me gustaría hablaros de una cosa más, de algo que forma parte del alma misma del heavy metal. Si os gusta este estilo de música es de cajón que lo conocéis de sobra, pero incluso si no, muy probablemente lo hayáis visto montones de veces, sepáis lo que es y lo asociéis íntimamente a la cultura del metal. Estoy hablando de un gesto físico, un gesto que es uno de los elementos más característicos, emblemáticos y representativos de este género, un gesto que, allá donde se presente, es automáticamente sinónimo de cualquier rama de esta gran familia. Lo habéis adivinado: me estoy refiriendo al mítico gesto de hacer unos cuernos con la mano, extendiendo los dedos índice y meñique y replegando los demás. Pues bien, esta conocida mueca de los dedos se denomina “mano cornuta” (a veces llamada también “maloik”), y tiene más historia de la que parece. Se trata de una herencia de tradiciones y supersticiones populares en Italia, aunque también es un gesto de defensa en el hinduismo y el budismo y tiene otros significados en otras culturas. Si hacemos caso de la fantástica serie de la HBO Roma (2005), su uso en la península itálica podría remontarse incluso a la antigüedad, ya que en cierto momento del drama vemos a uno de los protagonistas, Lucio Voreno (¡SPOILER!) maldecir con esta señal a su familia. En fin, las series de televisión, por muy históricas que sean, no son una fuente fiable, pero este caso me sirve para ilustrar que, como explicaré en seguida, la mano cornuta sirve tanto como para proteger como para perjudicar.

Si bien es un signo relativamente frecuente en la Historia de algunos pueblos y sociedades del Mediterráneo e incluso de América, sin duda uno de sus usos más famosos es el que nos ocupa ahora mismo. Su empleo entre los melenudos vestidos de cuero se extendió como la pólvora en los años ochenta, y a quien debemos agradecer este hecho es a otra de las personalidades más respetadas e influyentes del heavy metal. Estoy hablando nada menos que del considerado a menudo como el padrino del power metal, el gran Ronnie James Dio, cantante de Black Sabbath después de la expulsión del también legendario Ozzy Osbourne (ya sabéis, el tío del incidente con el murciélago). Él fue el principal responsable de la integración y popularización del maloik en la cultura metalera al utilizarlo repetidamente durante la gira del álbum Heaven and Hell. Según parece, Ozzy Osbourne acostumbraba a utilizar el símbolo de paz en los conciertos, levantando los dedos índice y corazón formando una “V”. Dio, con la voluntad de conectar con el público, quería utilizar también algún tipo de gesto, pero no deseaba copiar a su predecesor, por lo que decidió emplear el ademán que había visto utilizar a su abuela desde pequeño. Dio, efectivamente, tenía ascendientes italianos, tanto maternos como paternos, que habían emigrado en su día a Estados Unidos, y que tenían ciertas creencias supersticiosas. El vocalista cuenta que, cuando era niño, con frecuencia veía a su abuela utilizar la mano cornuta, y que con el tiempo llegó a saber que era una protección contra el “mallocchio” (el mal de ojo), aunque también se podía utilizar para lanzárselo a alguien. Por supuesto, el uso que él le daba con sus oyentes era el de buena voluntad, y repitió el gesto tantas veces, especialmente con Black Sabbath (grupo que ya tenía un increíble renombre), que quedó inevitablemente grabado para la posteridad y quedó atribuido a esta relevante figura del metal más que a cualquier otro personaje. En fin, tras este primer tour de Dio en la banda el signo se había hecho ya bastante popular, y los fans no tardaron en apropiarse de él y reproducirlo orgullosamente, pasando a hacerlo formar parte del estilo de vida metalero para siempre. Así nació este indiscutible e imperecedero símbolo del heavy metal, ligado a él por la eternidad. Un estandarte ya inmortal en la Historia de la música.

Por cierto, una última cosa importante que tenéis que saber sobre la mano cornuta es que, si la hacéis, no debéis extender también el pulgar. ¡Eso, en lenguaje de signos estadounidense, significa “te quiero”! Así que, en caso de que realicéis el gesto de esa otra manera, que sea hacia alguien a quien queréis expresarle vuestro amor o afecto.

Si habéis tenido la paciencia de llegar hasta aquí os doy efusivamente las gracias por haber leído ambos artículos sobre la historia de los orígenes del heavy metal. Espero que os haya gustado, que hayáis aprendido algo, que lo hayáis encontrado útil y… ¡que me volváis a leer la próxima vez que escriba! Me despido recomendándoos, en caso de que queráis profundizar en estos temas, el documental Metal: A headbanger’s journey y su secuela, Global metal (2005 y 2007, respectivamente), entre otros muchos que existen al respecto. ¡Hasta más ver, amigos! ¡Mano cornutaaaaaaa!

Brais Louzao Recarey


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