La Reseña. Tenet: bien, pero mal

Título original: TenetGénero: Acción, ciencia ficción. Dirección: Christopher Nolan. Guión: Christopher Nolan. Duración: 150 minutos. País: EEUU. Actores principales: John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki y Kenneth Brannagh. Estreno en España: 26 de agosto de 2020.

Siempre me ha gustado el cine de Christopher Nolan, y esta película no ha sido una excepción. Eso, no obstante, no quiere decir que no tenga sus problemas, que los tiene, y muchos. Vamos, lo que viene siendo habitual en este director.

Nolan es un tío que hace muy bien tres cosas: enmascarar los agujeros de sus films, montar buenos puzles argumentales y plantear atractivas historias de espionaje y robos de alto nivel (tal vez debería dedicarse de lleno a ello, abandonando la ciencia ficción), todo lo cual se hace patente en Tenet. Muchos de los que ya la han visto señalan que es una especie de mixtura de obras suyas anteriores, y no puedo sino estar de acuerdo. En especial, me recuerda a Origen. Una Origen mezclada con Memento y con un toque de Interstellar, pero sobre todo similar a la primera. Se parecen en la escena inicial, en el apartado visual, en su acercamiento a las películas estilo James Bond u Ocean’s eleven, y en el hecho de que, al final, los elementos de ciencia ficción son más bien una excusa para contar una historia, y no el eje central alrededor del cual esta gira. Bueno, quizás exagero un poco (en ese sentido Origen pecaba mucho más de ello), pero aun así he tenido esa sensación mientras veía Tenet.

No obstante, si hubiera que destacar una característica nolaniana de este celuloide, sería sin duda su tema principal: el tiempo. Nolan se repite a sí mismo, es un obseso del tiempo, tanto en sí mismo como en su utilización como recurso dramático. Le hemos visto usarlo como piedra angular en la mencionada Interstellar, pero también como elemento narrativo en los rompecabezas de Memento y Dunkerque, y en la carrera contra el reloj de Origen. Y en esta cinta, una vez más, vuelve a él, pero llevándolo más lejos que nunca: la idea de viajar a través del espacio-tiempo gracias a la capacidad de invertirlo.

La historia está protagonizada por un personaje sin nombre interpretado por John David Washington. Bueno, imagino que el personaje tendrá un nombre, pero lo cierto es que no se menciona en todo el largometraje. El Protagonista (como así lo llaman en internet), del que apenas llegamos a saber nada, es reclutado por una misteriosa organización denominada “Tenet” para llevar a cabo una misión que, según le cuentan, tiene como fin último evitar la tercera Guerra Mundial. Guau, eso son palabras mayores. Pero, ¿quién es el enemigo contra el que deberá luchar la humanidad para evitar el fin del mundo? Pues no se sabe con seguridad, ya que, dejando aparte el hecho de que todo el argumento está envuelto en un velo de ignorancia y secretismo, el adversario a batir reside en el futuro. Alguien está utilizando una tecnología capaz de manipular las leyes físicas de tal forma que personas y objetos puedan moverse, actuar y “existir”, por así decirlo, en dirección contraria al fluir normal del espacio y el tiempo. Bueno, sí, sé que suena raro, quizás no lo he explicado muy bien. Ved la película y entenderéis a qué me refiero. El caso es que el nexo entre el presente y la amenaza desconocida es un contrabandista de armas denominado Andrei Sator (Kenneth Brannagh), así que el punto de partida del Protagonista es acercarse a él para obtener información. A partir de ahí, como de costumbre, la trama va evolucionando y complicándose.

Como decía, con esta producción, Nolan se ha superado en cuanto al tratamiento del tiempo. Ha rizado el rizo, llevando al límite la complejidad del cómo, de la explicación que justifica la posibilidad de “viajar” en el tiempo y sus efectos. Quizás demasiado. Más allá de la escasa base real que tiene el fenómeno pese al barniz de apariencia científica que se le pretende dar (algo común a casi todas las historias de este tipo), sus implicaciones son tan extrañas y ajenas a la realidad que representarlas en la gran pantalla es algo, simplemente, irrealizable. Lo máximo que se puede hacer es una aproximación, pero incluso una aproximación es extraordinariamente complicada, incluso para un maestro del camuflaje como Nolan, razón por la que, al final, no acaba de cuajar. Lo hace bastante bien, en general logra maquillar decentemente el film, pero no consigue evitar que haya una gran cantidad de incoherencias, momentos confusos y detalles en los que la lógica flaquea hasta desmoronarse. Es el problema de partir de algo demasiado difícil de imaginar y ejecutar, incluso para la ciencia ficción. La premisa es interesante, desde luego, y ofrece la ilusión de que se le puede sacar mucho jugo, pero es que, mal que nos pese, acaba por no tener sentido, algo que se consolida cuando el fenómeno de la inversión deriva, para gran tristeza, en el desgraciadamente popular tema de las paradojas temporales. Al menos la cinta no se mete en contradicciones demasiado evidentes, además de que el ruido del guion, los efectos visuales y la mano del mago (o más bien, del director) ayudan a no pensar demasiado en ello.

La película es entretenida y disfrutable, eso sí (ya lo dije en la primera línea). El principio es dinámico, intenso, lleno de acción, te sumerge rápidamente en lo que estás viendo, y ese dinamismo se mantiene hasta el final. Tiene un ritmo trepidante que mantiene la atención y evita que el espectador se aburra. No se para ni un segundo, todo el rato están sucediendo cosas, y aun así, tiene a su vez un desarrollo pausado y apropiado para que todas las piezas de la trama vayan encajando en su lugar en su momento. Ahora bien, esto es un arma de doble filo. Si el largometraje no se detiene apenas a respirar es precisamente para disimular sus fallos (que no se quedan solamente en lo relacionado con el asunto pseudocientífico). En todo momento se te está ametrallando con información y saltando a toda pastilla de una escena a otra para que no te pares a reflexionar sobre lo que acabas de escuchar y te des cuenta de que no tiene sentido, o de que contradice otras cosas que han sucedido. En definitiva, todo se acelera para tapar los agujeros del guion, que no obstante se perciben fácilmente si uno está más o menos pendiente de lo que pasa. Y además de eso, esa rapidez vertiginosa conlleva el problema que en algunos momentos puedes llegar a perderte. Antes de poder digerir lo que te acaban de contar ya te están introduciendo algo nuevo, lo cual a veces te aturulla hasta el punto de poder hacer que te despistes.

No son estos los únicos aspectos negativos que tiene la producción (deja varias cosas sin explicar o mal explicadas, peca en ocasiones de un efectismo un poco exagerado, acaba volviéndose un tanto predecible, hay algún que otro cliché cuestionable, los giros de la atmósfera te descolocan un poco, tiroteos con enemigos invisibles…), pero sí son los que considero principales, así que por aquí lo voy a dejar. Una cinta apreciable, desde luego, pero cargada de errores, lagunas y sinsentidos. Como último punto flaco, reiteraría la falta de frescura de Nolan. Es entendible que cada autor tenga sus gustos, sus temas predilectos, una serie de elementos y características que aparezcan con frecuencia en su arte, pero reiterarse específicamente siempre en lo mismo puede acabar, a la larga, cansando al público. Como última cosa buena, resaltaría su excelente apartado técnico, algo en lo que, por suerte, este director no suele decepcionar.

Por último, como mención especial, tengo que decir que me ha gustado Robert Pattinson. Le sienta bien el papel que tiene en esta película. En fin, nada más, amigos. Aquí tenéis el tráiler, como siempre, y… ¡hasta otra!

Brais Louzao Recarey


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