Rock & Metal: Nothing Else Matters

Moscú, septiembre de 1991, la disolución de la Unión Soviética por parte del entonces presidente ruso Mijaíl Gorbachov en un clima marcado por el fin de la Guerra Fría y la caída del muro de Berlín, había provocado que las calles del otrora centro neurálgico del comunismo se convirtiesen en todo un polvorín. Los manifestantes, tanto partidarios como contrarios al regreso del antiguo sistema, se manifestaban a lo largo de la ciudad zarina aumentando la tensión hasta límites peligrosos que tendrían su cénit en un intento de golpe de estado protagonizado por altos cargos de la antigua URSS. En medio de este ambiente apocalíptico en el que todo apuntaba a una nueva guerra sucede un evento sin precedentes, tres jóvenes estadounidenses, junto a un imberbe danés, ofrecerían uno de los conciertos más multitudinarios de la historia. Metallica había llegado para incendiar, aún más, Moscú con su explosiva música. La actuación, que según diversas fuentes aglutinó entre medio y un millón de personas, estaba integrada dentro prestigioso festival de metal Monsters of Rock compartiendo cartel con otras grandes bandas de la índole de AC/DC o Pantera. En dicha actuación, Metallica, consolidada ya como una de las grandes agrupaciones del metal, estrenaba prácticamente su álbum homónimo, el cual había salido al mercado apenas un mes antes, sin saber que a la larga este se convertiría en el más exitoso de su discografía gracias a temas como Enter Sandman, The Unforgiven o el que analizaremos en el presente artículo: Nothing Else Matters.

Tras alcanzar el éxito con sus anteriores trabajos y consagrarse como una banda más en el Olimpo del metal, a Metallica, a su discografía, y sobre todo el afán creativo de sus miembros, se le demandaban cambios en su producción con los que extender los límites del metal, abriéndolos a nuevas corrientes con los que enriquecer su ya exitoso abanico musical. Para tal propósito en su disco Metallica la agrupación californiana compuso nuevos temas algo más distantes del canon convencional que evocaban a otros estilos musicales pero sin por ello perder el espíritu salvaje del metal. Podemos hablar en este sentido de la aproximación a la música del western en el sencillo The Unforgiven, el cual toma su inicio de la banda sonora del filme Los que no perdonan de John Huston. El éxito de este tema, que hibridaba perfectamente dos formas tan antagónicas como balada y trash metal logrando evocar el espíritu de las películas de Leone o Sollima, supuso un caldo de cultivo perfecto para uno de los proyectos más ambiciosos de Hetfield y los suyos; Nothing Else Matters.

La canción, concebida desde sus más remoto origen como una power ballad, obtuvo su título de las últimas palabras que el abuelo de James Hetfield le dirigió a su nieto antes de fallecer. A pesar de ser considerada por el propio Hetfield como demasiado lenta para ser incluida en el álbum, Nothing Else Matters acabaría teniendo su hueco gracias al guitarrista Kirk Hammett, quien se quedó prendado del tema tras oírlo por primera vez. Su carácter suave y melódico levantó numerosas ampollas entre aquellos fans más acérrimos de Metallica, que consideraban la canción como una puñalada por la espalda al sonido trash característico de la banda, aunque, sin embargo, las voces afines fueron mayoritarias y la balada es a día de hoy uno de los estandartes de su producción musical. En lo referente a la letra, esta habla sobre la importancia de la confianza en uno mismo, como se puede apreciar en “forever trust in who you are, and nothing else matters” y especialmente de lo importante que es estar rodeado de aquellos a los que uno ama como vemos en “So close, no matter how far. Couldn’t be much more from the heart”. En el propio origen de su composición se percibe este componente intimista, ya que a pesar de la ya confirmada versión de que el tema nace a partir de las últimas palabras del abuelo de Hetfield, también se suele señalar que este la compuso para una de sus ex parejas, y más concretamente, durante una llamada telefónica a la misma, componiendo la parte musical con la mano que no estaba sujetando el teléfono.

Por lo tanto, una vez contextualizada y analizada esta célebre composición, podemos extraer de ella dos válidas enseñanzas, siendo la primera de ellas la tolerancia y la apertura hacia lo nuevo, puesto que incluso una de las grandes bandas de la historia del metal puede componer una balada capaz de emocionar a propios y a extraños. Y la segunda, y seguramente más importante, es saber apreciar a aquellos que nos rodean y a nosotros mismos, pues una vez hagamos esto nothing else matters.

Diego D. Andrade


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