Especial: Series que saciarán tu sed de sangre

Igual que la criatura que representa, el género vampírico parece ser inmortal y estar en constante evolución. Primero el folcklore y después la literatura, colocaron a esta figura como una de las más atrayentes entre los seres sobrenaturales siendo, de hecho, de los primeros en ponerse ante una cámara. El primer vampiro que se mostró en pantalla, en 1921, fue el conde Orlock en la mítica Nosferatu, interpretado por Max Schreck. Desde entonces, y hasta la aún por estrenar Morbius, el vampiro ha sido representado de cientos de formas distintas. Hoy, era indiscutible de las series, te traemos algunas de ellas, donde podrás disfrutar de la cultura vampírica, siempre actual, siempre inmortal… siempre reclutando nuevos admiradores, generación tras generación, cual sangre fresca.

The Gates, Ciudad de vampiros

Esta serie nos presentó un argumento muy interesante y, sobre todo, prometedor. Un complejo residencial de lujo, The Gates, es el escenario y, casi, uno más de sus protagonistas. Seres sobrenaturales se refugian allí con la intención de convivir y llevar una existencia tranquila y lo más normal posible. Pero es inevitable que en una ciudad de vampiros, súcubos, brujas y hombres lobo surjan conflictos… Y a semejante escenario llega Nick Monohan, junto a su familia, para ejercer como jefe de policía, ajeno a lo que allí sucede, en busca de una vida más acomodada que, obviamente, está muy lejos de la realidad.

Lo que comenzó con fuerza, rápidamente quedó en una única temporada (muy interesante, eso sí), ya que la serie se canceló repentinamente por la escasa respuesta de la audiencia. El vampiro elegante y elitista, siguiendo una línea ya demasiado explotada en aquel momento, aburrió a un espectador que podría haberse topado con una interesante historia. Sea como sea, no hay duda de que esa única temporada es toda una joya para los amantes del género.

Buffy, cazavampiros

series de vampiros

En 1997, el productor Joss Whedon quiso romper con los estereotipos del terror noventero. Para ello, tomó prestado el rol de la animadora guapa y popular, normalmente de las primeras víctimas del asesino en serie de turno, y la convirtió en la heroína protagonista. Curiosamente escogió a Sarah Michelle Gellar, quien interpretó ese mismo año a Helen Shivers, la rubia explosiva asesinada en la película Sé lo que hicisteis el último verano. Después, la rodeó de malvados demonios y vampiros a los que cazar y, ¡voilà!, el resultado fue un éxito redondo.

Durante casi siete años, Buffy fue la reina absoluta del subgénero vampírico televisivo e incluso dio pie al spin-off, de más que aceptable éxito, Ángel. Con pequeños aires de comedia y tragedia adolescente a la vez y pese a sus más que tóxicos amoríos, lo cierto es que los guionistas supieron crear una mitología cercana a la figura clásica del vampiro tipo Drácula (atractivo o terroríficamente aterrador, según la ocasión) adaptada a la sed del adolescente espectador. Su éxito fue tan inmediato que, apenas un año después, surgió la serie Embrujadas con la clara intención de tomar el relevo en caso de necesidad. Por suerte, no fue necesario y ambas crecieron en paralelo.

Sí, puede que en cuestión de efectos especiales no haya envejecido demasiado bien, pero no olvidemos que Buffy cazavampiros nació mucho antes de que las series estuvieran a niveles de presupuesto semejantes a los de grandes producciones. Teniendo esto en cuenta, se le debe reconocer su éxito afianzado gracias a su trama y a sus carismáticos personajes, protagonistas y secundarios. Una delicia se mire por donde se mire.

Castlevania

series de vampiros

Considerada por el público como una de las mejores series de animación de la última década, Castlevania es la adaptación del videojuego Castlevania III: Drácula’s curse, creado en 1989. Pese a que, gracias a su éxito, contaba con un gran número de fans expectantes por su estreno, esta serie ha conseguido conquistar al público general con tremendos diálogos y una estupenda construcción de sus personajes.

La historia nos sitúa en Wallachia, donde la esposa de Drácula es acusada de brujería y quemada. El conde reúne un ejército de vampiros con el fin de arrasar con toda la población en venganza por su pérdida. Trevor Belmont, cazador de seres sobrenaturales, se unirá al hijo del propio Drácula para enfrentarse a esta amenaza.

Resulta apasionante para un verdadero fan del género vampírico ver como, a pesar de estar hablando de una serie de animación basada en un videojuego, esta producción muestra claras señas de pasión y respeto por el origen de este mito. Y es que puede parecer que Drácula es un villano demasiado visto ya pero, en realidad, nos sorprende cada vez que se reinventa. Curioso es también como rescatan a un clásico del género, Carmilla, esa intrigante y hermosa vampira de la reconocida novela corta del mismo nombre escrita por Sheridan Le Fanu en 1872. Y es que se podría decir que Carmilla es la madre del mítico Drácula, ya que fue una de las influencias de Bram Stoker para escribir su novela veinticinco años después. Casi un siglo y medio después, Castlevania demuestra que, como sospechábamos, el clásico conde Drácula nunca falla.

The vampire diaries

Conocida como Crónicas vampíricas en España, esta traducción no fue de lo más acertada, dada la confusión que creaba para con la ya archiconocida saga de vampiros de Anne Rice del mismo nombre. Sin embargo, esta serie ha conseguido que olvidemos no solo esta desafortunada coincidencia, si no la más que descarada intención inicial de subirse al carro del éxito de Crepúsculo; vampiros adolescentes enamorados.

L.J Smith es la autora de la saga The vampire diaries. Iniciada como trilogía en 1991, hoy consta de trece libros. Y, aunque saga y serie (o series, en plural, ya que cuenta con dos spin-off muy bien acogidos) darían para un artículo, hoy nos centraremos en la serie. Permíteme, aun así, querido amante de los vampiros, que te recomiende fervientemente, al menos, la saga inicial de cuatro libros.

Su protagonista, Elena Gilbert, es una hermosa adolescente que, tras perder a sus padres, se encuentra en mitad de un triángulo amoroso con Stefan y Damon Salvatore. Estos dos hermanos vampiros, muy diferentes entre sí, recuerdan vagamente al dúo de Louis y Lestat de la ya mencionada Anne Rice.

Sí, puede sonar algo aburrido, tópico, edulcorado y excesivamente parecido a Crepúsculo, ¿verdad? Pues bien… solo lo parece. Lo cierto es que Mystic Falls, pueblo natal de Elena, es un lugar que nos traerá muchas más sorpresas. Cazadores de vampiros, réplicas malvadas, infiernos prediseñados, familias milenarias de brujas y hombres lobo y, sobre todo, estupendos villanos. La mitología creada a su alrededor es tremendamente interesante, aunque en ocasiones algo confusa. Sus vampiros, en un corte algo tópico de juventud y belleza eterna, traen algunas novedades bastante curiosas, así como el resto de criaturas.

Es una serie trepidante que nos deja poco tiempo de alivio entre líos amorosos, tramas sorpresa, malvados tan carismáticos como temibles y secundarios a menudo más brillantes que algunos de sus protagonistas. Su estructura busca claramente la adicción y lo consigue. Es la serie ideal tanto para quienes se inician en el género como para los que nunca nos cansamos de descubrir nuevas formas de explotarlo.

Drácula

Esta serie británica llegó a principios de este mismo año como un soplo de aire fresco para el mítico Conde Drácula. La delgada línea en la que sus creadores bailan fusiona la versión más clásica de este personaje con un envoltorio que procura ser rompedor pero claramente respetuoso. Desde luego, aventurarse en una vuelta de tuerca más era arriesgado, pero se agradece la apuesta ya que el resultado es Drácula con los recursos visuales de una producción actual.

Con tres capítulos de hora y media, la estructura “introducción-nudo-desenlace” se revela casi llevando de la mano al espectador. A cada capítulo se le otorga un tono y estética muy definidos sirviendo como ancla el vampiro más famoso en su forma más clásica. En este sentido, elegir a Claes Bang para esta tremenda labor ha sido todo un acierto, no solo por su aspecto, que ya de por sí recuerda al de Lugosi o Lee (de quienes seguro ha bebido para ejecutar su interpretación), sino también por la esencia que le rodea.

En esta ocasión es Jonathan Harker quien nos sirve de guía. Tras escapar de las garras (o colmillos) del Conde Drácula, es interrogado por la hermana Ágatha, quien se muestra muy interesada en el relato del moribundo Harker. Con él viajaremos al castillo que tantas veces hemos visitado y, poco a poco, nos sumergiremos en una historia tan terrorífica como cambiante.

Y es que la atmósfera de este relato transita de modo algo brusco en ocasiones pero, sin duda, te sentirás inmerso en un clásico y, después, en una atrevida versión tuneada.

Lo que hacemos en las sombras

En 2014 Taika Waititi y Jemaine Clement se preguntaron cómo sería ser un vampiro en la actualidad. ¿Qué problemas cotidianos tendrían? ¿Qué tipo de rutina tendrían? Algo tan sencillo como una reunión de compañeros de piso para decidir quién fregaba los platos se convirtió en una de las mejores y más divertidas escenas de la película Lo que hacemos en las sombras. De ahí en adelante, todo son risas.

Tantas risas fueron que, cinco años después, se ha convertido en una serie de más que respetable éxito y que, ante todo, nos presenta una imagen del vampiro más cotidiana. O quizás, mejor dicho, más cercana a la realidad si la hubiera.

Desde entonces han cosechado una nominación a los Emmy como mejor serie de comedia y guion, además del reconocimiento del público. Sin duda, añadir comedia al género vampírico es toda una novedad que, en este caso, ha funcionado a la perfección.

Tres vampiros son compañeros de piso durante siglos con los inconvenientes de convivencia que eso conlleva. Con tres perfiles totalmente dispares, las situaciones histriónicas están aseguradas mientras, cada uno a su modo, intenta sobrellevar una inmortalidad algo bizarra en ocasiones. ¿Quién dijo que el género vampírico no podía ser divertido?

True blood

series de vampiros

Todo aficionado a este género que se precie conoce True blood. Puede gustar más o menos, pero sin duda es una parada casi obligatoria en el trayecto.

True blood surgió de la saga de novelas The southern vampire mysteries, de Charlaine Harris. Nos presentan un mundo actual en el que la existencia de vampiros ha sido asimilada por la sociedad como cualquier otro elemento nuevo con el que coexistir, del modo más brusco y humano posible. Y es que es interesante imaginar que pasaría en el caso de semejante descubrimiento. La capacidad de adaptación y la maldad genuina podrían ser tan sorprendentes como en esta serie.

True blood se sitúa en una Norteamérica profunda y visceral donde vive Sookie (Anna Paquin), una camarera telépata a la que se le complica su sencilla vida cuando los vampiros entran en ella. Para colmo de males, una serie de asesinatos pone en peligro la convivencia entre vampiros y humanos.

Estamos en un escenario en el que la invención de una sangre consumible facilita la convivencia entre humanos y vampiros, aunque no todos saciarán sus ansias de esta guisa. Es curioso como nos muestran que, vampiro o humano, al final, lo importante es la esencia del carácter, el libre albedrío del que siempre disponemos y el monstruo que todos llevamos dentro. Y es que el vampiro que se nos presenta es tan fiero como humano en su versión más cruda.

Con un reparto coral de mucha fuerza, esta serie transitó durante siete temporadas formando una montaña rusa de calidad y esfuerzo intermitente. Por momentos pierde fuerza, remonta y vuelve a desinflarse sucesivamente. Puede dar la impresión de haber sido alargada a la fuerza por el éxito que tuvo. Pese a todo merece la pena visitar ese pequeño pueblo de Louisiana, tierra de vampiros.

¿Se te ocurren más series de este magnífico subgénero? No te preocupes, pronto las descubriremos. De momento, puedes hincarle el diente a estas joyas para saciar tu sed. Y, no lo olvides, estás ante seres inmortales que no cesan de reinventarse. Unas veces sorprendentes, la mayoría despiadados… pero siempre seductores de un modo u otro. Y es que, como dijo Lestat de Lioncourt, “La maldad es solo un punto de vista”.

Ely Aparicio


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