Cine Indie: Lo que esconde Silver Lake

¡Muy buenas a todos! La idea de esta nueva sección es descubrir (o redescubrir) toda una serie de películas indies que se han realizado en los últimos años. Pero para empezar vamos a intentar delimitar que entendemos por indie. La definición más aceptada es la que define como indie las películas que se realizan fuera de los circuitos de producción y distribución de las grandes majors americanas; si además participan en algún festival independiente de renombre como el de Sundance, la etiqueta se consolida. Pero con esta definición nos dejamos fuera todo lo que no se produce en Estados Unidos, además, desde que las majors se dieron cuenta de que el indie es un buen negocio empezaron a distribuir (y a producir) también películas indies, con lo cual, la definición se queda corta. Nos podemos encontrar también a muchos actores del star-system participando en alguna de estas películas, ya que habitualmente cobran una remuneración muy por debajo de la habitual por el prestigio que supone trabajar en este tipo de producciones y con alguno de estos directores. Otra definición más amplia incluye como indie una forma de hacer cine con unos elementos narrativos y estéticos comunes y muchas veces con un punto más o menos amplio de experimentación. Aquí el concepto indie compartiría características con lo que se entiende como cine de autor (lo que antes se consideraba arte y ensayo) y que puede ir desde un Woody Allen a un Jean-Luc Godard pasando por Lars von Trier o David Lynch. Es característico que muchos de los directores que comienzan haciendo indie acaben plenamente integrados en la fabricación de blockbusters (de Rian Johnson a Cristopher Nolan) o acaben haciendo indie de gran presupuesto (Quentin Tarantino, Jim Jamursch o los hermanos Coen). Si a esto añadimos que de forma cada vez más significativa en las candidaturas a los Oscar aparecen películas que pueden calificarse como indies, sin ir más lejos este año Roma o La favorita, esto provoca una distribución y una repercusión muchísimo más amplia. En resumen, en los últimos años se ha perdido en parte una característica importante: el cine indie no tiene que ser minoritario, aunque siga teniendo unas diferencias muy significativas con el cine de las majors.

Pero no nos vayamos por las ramas, el intentar acotar el concepto de cine indie es como poner puertas al campo. La selección que haré va a ser de lo más ecléctica y me limitaré a los últimos años con lo cual evito películas que ya se han convertido en auténticos clásicos como Reservoir Dogs, Mulholland Drive o Lost in Translation.

Empecemos. La película con la que inauguramos sección es «Lo que esconde Silver Lake» (Under the Silver Lake. David Robert Mitchell, 2018). A pesar de que la crítica no ha sido unánime, de hecho ha recibido bastantes malas críticas, considero que posee los elementos suficientes para convertirse una película de culto de las que despiertan tanta pasión como odio y que define muchas de las características de las películas indie. David Robert MItchell ya nos sorprendió con su anterior cinta «It follows», que constituyó un verdadero soplo de aire fresco para las películas de terror y demostró que se puede hacer terror de forma inteligente. En «Lo que esconde Silver Lake» cambia de género para pasar al cine negro. El resultado es una película en la que homenajea a Brian de Palma (que a su vez homenajeaba a Hitchcock) pasando por el tamiz de David Lynch. Se trata en definitiva de una película hipnótica con múltiples referencias a la cultura pop, con personajes rarísimos (algunos de los cuales no aportan nada a la trama), situaciones extrañas y un bombardeo constante de información que hace que algunas veces estemos tan perdidos como el protagonista, pero que, aunque perdidos, sigamos totalmente enganchados a la trama.

Sam (Andrew Garfield) es un joven sin empleo que está de vuelta de todo en un eterno aburrimiento, deja pasar la vida fumando porros y masturbándose (un trasunto joven del Gran Lebowski) y su único divertimento consiste en observar con prismáticos lo que sucede a sus vecinos en el típico bloque de viviendas con piscina de Los Angeles. Esta rutina sólo se ve interrumpida por las ocasionales llamadas telefónicas de su madre, fan de las películas de Janet Gaynor, y la aparición de una amiga con la que mantiene esporádicas relaciones sexuales. Sin empleo y sin ganas de buscarlo, está a punto de que lo echen de su apartamento inmerso en un profundo hastío existencial. Un día descubre a una nueva vecina en la piscina de la que queda prendado. La susodicha lo invita a su apartamento y al día siguiente comprueba que esta ha desaparecido dejando el apartamento completamente vacío, sólo queda un extraño dibujo en la pared que, como veremos más adelante, es una señal que utilizan los mendigos de L.A. para comunicarse. De forma involuntaria, Sam se convierte en detective aficionado que intenta descubrir el paradero de su vecina. A partir de ahí la película va describiendo extraños vericuetos como en las películas de David Lynch, debajo de la realidad que nos muestra la rutina diaria existe otra mucho más complicada y bizarra. Aparecen nuevos personajes, un extraño grupo pop, un cómic que puede explicar la trama, la extraña mujer Beso de Buho que mata a los hombres mientras duermen, unos ricos que desaparecen para alejarse del mundanal ruido para siempre, una organización de vagabundos con sus códigos, discos satánicos, un asesino de perros…. Sam va observando, muchas veces totalmente perdido, toda la avalancha de información que recopila. Y al igual que Sam, el espectador, contempla boquiabierto esta avalancha de información buscando guiños, referencias cinéfilas y muchas veces algún sentido a lo que está viendo.

El director nos hace una película apabullante, que nos guste más o menos dependerá de lo que queramos entrar en el juego. Si no entramos seguramente se la encontrará pretenciosa y sin sentido. Pero si entramos encontraremos mil referencias y un sentido del humor inteligente.

¡Hasta pronto!


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