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Música electrónica: Downbeat

Si algo caracteriza, en líneas generales, tanto a las distintas variantes de la música electrónica como a sus respectivas tribus sociales, es la energía, y en ocasiones, la rabia y el descontrol que manifiestan. Desde sus más remotos orígenes en los barrios residuales de las áreas metropolitanas de grandes urbes del otro lado del Atlántico como Detroit, Chicago y Nueva York entre otras, así como su continuación en los clubes nocturnos del viejo continente, la electrónica siempre ha ido de la mano con un sentimiento liberador de ruptura con lo establecido.

No obstante, a caballo entre finales de la década de los ochenta e inicios de los noventa, comenzó a aflorar en el panorama musical una nueva forma de concebir el electro, desligándolo de este espíritu disruptivo y convirtiéndolo en algo mucho accesible y ameno para el oyente. Nacía el género que hoy desgranaremos: el downbeat.

Durante los noventa se produjo una auténtica oleada de música ambiental y relajante pensada para ser consumida en los clubes de verano que habían estado durante esos años a orillas del Mediterráneo y el Pacífico. De este modo, Ibiza, Mykonos o Zagreb se convertían en auténticos destinos vacacionales de masas conformando una plaza idílica para la proliferación de este nuevo subgénero de la electrónica. Además de esto, un factor que explica y ayuda a entender su ascenso y posterior consolidación como uno de las grandes variantes del electro, es el paulatino nacimiento de emisoras de radio dedicadas exclusivamente a la difusión de downbeat y chill out.

A pesar de haber nacido como subgénero independiente en los clubes de verano de Ibiza, el downbeat hunde sus raíces en otras formas como el trip hop, nacido en Bristol también durante la década de los noventa. Se caracterizaba por mezclar elementos del patrón rítmico del hip hop, de los breaks del drum and bass y del tempo lento del ambient. De este modo, entrados ya en los años finales de los noventa, nacía una nueva forma de entender la música electrónica que incorporaba toda una serie de sonidos de instrumentos acústicos, recibiendo el nombre genérico de downbeat.

Entre sus grandes exponentes tenemos que citar al dúo austríaco Kruder & Dorfmeister, quienes a lo largo de los últimos años de la década de los noventa llevaron al género a su cénit de popularidad gracias a la elaboración de remixes de canciones de diversos estilos como pop, rock o hip hop que mezclaban con elementos del soul jazz típico de los años setenta. También en Inglaterra, el dúo formado por Steve Cobby y Dave McSherry, produciendo bajo la denominación de Fila Brazillia, publicaron varios trabajos que contribuyeron al auge del género. A su vez, a la otra orilla del Atlántico, concretamente en Washington D. C., los DJs Eric Hilton y Rob Garza desarrollaron su proyecto conjunto Thievery Corporation introduciendo sonidos brasileños en el estilo y combinándolos con elementos de dub y reggae jamaicanos.

A nivel formal, el downbeat se caracteriza por su sonido relajado con reminiscencias al ambient, del que se distingue gracias a la presencia de groove. Usualmente, tanto la melodía como el ritmo se consiguen mediante loops, es decir, patrones repetitivos que potencian enormemente la sensación envolvente del downbeat. En ocasiones, los ritmos están algo más presentes y son más prominentes, pero aún en estos casos tienen mucha menos intensidad que en otras ramas de música electrónica. A menudo se ha referido a esta música bajo el término chill out, aunque no es realmente preciso, ya que sus características lo permiten distinguir del resto de formas y, además, el propio concepto de chill out no se ciñe en exclusiva a la electrónica y se aplica también a otros géneros. 

Otra posible confusión se produce con el ya mencionado trip hop, aunque el downbeat normalmente utiliza un ritmo algo más lento. Debido a su sonoridad ambiental e incluso sensual, y a la carencia o el mínimo uso de vocales, buena parte de la música downbeat ha sido utilizada como música de fondo en el campo del chill out de las fiestas o como banda sonora en cafeterías.

Diego Andrade


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