Oro de videoclub: Demolition Man

¡SÍIIIIII! ¡ME TOCA A MI ESCRIBIR SOBRE DEMOLITION MAN! Ejem… Calmémonos. Empecemos por mandar un saludo a nuestro compañero de artículos de cine, Davidrago, quien me temía que se llevaría el gato al agua con el artículo sobre esta película. ¡JÓDETE! ¡YO GAN…! Ejem… Un abrazo, compañero. Os recomiendo mucho su sección. La lista de películas sobre las que escribe son clásicos obligatorios (excepto Cristal Oscuro. Esa mierda es una máquina de traumatizar niños y adultos).

¡Vamos allá! Que los 90 eran los 90, cuando llega el descontrol, y nuestro protagonista, Sylvester Stallone, podríamos decir que se encontraba en horas bajas (y si no os lo creéis, podéis ver “Alto o mi madre dispara”). Había alcanzado un gran reconocimiento en los 70 gracias a las geniales obras de drama social que son Rocky 1 y 2, que luego derivaron en películas de peleas al uso, convirtiéndose también en uno de los iconos de la acción ochentera macarra con Cobra. No obstante, iría perdiendo fuelle frente a un Schwarzenegger que simplemente tuvo mejores películas: Terminator, Depredador o Conan fueron hitos, aunque algunas no tengan secuelas a la altura.


En los 90, el Chuache, sabiendo que los niños querían ver sus películas, empezó a elegir papeles con un toque de comedia para que los padres también se sintiesen cómodos viéndolas, como Poli de Guardería, El Último Gran Héroe, Mentiras Arriesgadas o Un Padre en Apuros. Arnold no renuncia a su imagen de tío duro, pero logra un cine agradable de ver y entretenido.


Por su parte, Stallone, venía de pegarse un hostión con “Yo, el Halcón” y de defenestrar a la Cannon consigo. A partir de ahí, “Encerrado” no estuvo tan mal, pero un vistazo a su filmografía nos muestra unas horas muy bajas: Tango y Cash fue un intento de Buddy Cop Movie entretenida, pero insuficiente. Rocky V se conoce por ser la peor. “Oscar” no logra triunfar demasiado, ya que el público espera que Stallone sea un tío duro, mientras él intenta actuar de formas alternativas y, al igual que Arnie, busca en la comedia una redención que haga que le valoren como actor y no solo como icono de acción (lo que llegaría en Cop Land).

Sin embargo, en medio de esa época oscura, hay esperanza. ¡Hay oro, diamantes, rubíes, esmeraldas, tungsteno, wolframio y bitcoins!

Está John Spartan.

Demolition Man

Demolition Man plantea una sociedad fracasada por su propia tendencia a la violencia en la cual nuestro Johnny es un policía superduro capaz de todo para enfrentarse a un adversario también capaz de todo: Dennis Rodman. Perdón… Simon Phoenix, interpretado por una estrella ascendente de la acción: Wesley Snipes, quien mostraba un gran carisma en la comedia (Una mujer en la liga) y un cierto registro dramático (Los blancos no la saben meter), para ir derivando hacia el thriller y la acción.

John Spartan, dispuesto a todo como está, vuela un jodido (se decían palabrotas en esa época) centro comercial lleno de rehenes, con el propósito de atrapar al psicótico Phoenix, desmontando su banda de fallos de casting de Mad Max. Sin embargo, pese a su éxito, ha cortado demasiado por lo sano, y al igual que su presa, John es condenado a Crioprisión: el sistema penal lo mete en un barreño de agua y lo congela a pasar su condena, lo cual está guay, porque ni siquiera eres consciente del tiempo que pasas encerrado y no tienes la experiencia psicológica de la pérdida continuada de libertad. Chanantes, los yankis y sus ideas para el sistema penal. Lo único malo que te puede pasar es que te pongan en libertad en 2020.

Sin embargo, John Spartan será reanimado antes de completar su condena, ya que la sociedad de San Ángeles no está preparada para la que se le vino encima: Alguien ha reanimado a Simon Phoenix.

Demolition Man

Por un lado, es curioso analizar la sociedad de San Ángeles. Podríamos decir que es utópica por su falta de violencia hasta el nivel en el que cualquier muerte no natural, por poco escabrosa que sea, produce una conmoción en sus ciudadanos. Están siempre dispuestos a ayudar y sonreírte con un “propicios días. ¿Algún quebranto?”.

La policía tiene que repasar métodos teóricos para atender a gente furiosa o violenta, y su mayor problema para la sociedad son temidos grupos de rebeldes cuyos “atentados” son graffitis y obscenidades. Por que claro, si para follar vas a ponerte un frisbee en… eso, si no lo habéis visto, os lo miráis. No os voy a joder la sorpresa, pero os diré que es más vanilla que la recopilación de mejores momentos de “La casa de la pradera”. En fin. Si tu sociedad va así, todo podría ser una obscenidad. Hasta un simple tobillo desnudo.

Una vez John Spartan tenga su encontronazo con la sociedad de San Ángeles, tendrá un segundo encontronazo con su submundo, lleno de rebeldes inadaptados y pobres que viven en condiciones miserables pero a la vez dotados de una libertad que atesoran mucho más que la vida cómoda de la clase superior. Es decir, esta película, que no deja de ser una machada de acción con una cantidad inconmensurable de frases míticas (“one liners”, dicen que se llaman), de repente, te hace pensar: Te presenta dos sociedades en polos opuestos del espectro, cada una con sus ventajas y defectos. Una es pacífica, pero el precio de esa paz es la falta de individualidad, su conformismo y su ortodoxia asfixiante. La otra es libre, pero esa libertad supone miseria e incluso rechazo por la gente que prefiere una vida cómoda y conformista.

Ninguna es perfecta. La sociedad de San Angeles puede ser vista como “la dictadura de lo políticamente correcto”, pero no es políticamente correcto congelar a alguien porque tenga opiniones políticas distintas o aspire a un modo de vida que tú no le das.


Y el mundo subterráneo puede parecer la libertad, pero no deja de ser una libertad canibal y darwiniana en la que falta el verdadero ingrediente necesario para medrar como sociedad, que es la cooperación entre conciudadanos.

Aunque la película te vende la libertad, because ´MURICA! Uno no se pasa ocho años gobernado por Reagan sin que eso deje de ser un reflejo de la sociedad que lo puso ahí, ni que su huella quede bien marcada, porque si alguien defiende una libertad absoluta al nivel de la ley del más fuerte, una de dos: O es un subnormal, o juega con ventaja y si le dejasen libre sería como soltar una pitón en una guardería. Y ahí tenemos al factor discordante: El caos destructivo y criminal que supone añadir a Simon Phoenix a cualquier intento de convivencia social.

La cinta es genial. Es sin duda una de las mejores películas de acción, no solo de los 90, si no en términos absolutos. Plantea varias sociedades futuras posibles y usa saltos bastante racionales para explicar como la sociedad llegó a donde llegó (por ejemplo, Pizza Hut). Y a mayores, nos da una cantidad momentos memorables con sus one liners grandiosos. Solo por ver escenas como la de las tres conchas, la película ya es recomendable.

Además, tenemos a Sandra Bullock, que hace una muy creíble heroína de acción evitando el cliché de damisela en apuros. Por si fuera poco, también contamos con otros interesantes secundarios dentro de la policía de San Ángeles, como los interpretados por Benjamin Bratt o Bob Gunton, que son las pantallas a través de las que verás el cambio social.

Por otro lado está Dennis Leary, con su Edgar Friendly, líder del submundo de San Angeles, es la contraposición a la sociedad “civilizada”: su discurso acerca de la vida que quiere y la que le ofrecen también merece ser recordado como uno de los mejores cortes de cine que ha tenido la década.

¿Por qué deberíais verla? Porque es una de las mejores pelis de acción de los 90, aún con ese espíritu ochentero que no cambiaría hasta que Blade y Matrix instalasen un nuevo paradigma (junto con la decadencia de Schwarzenegger: El Sexto Día y El Fin de los Días son dos de las peores pelis de acción que he visto, y marcan un descalabro que ya se veía venir con lo mediocre que es Eraser).

Porque plantea hipótesis sobre dos futuros distópicos en uno, aunque si bien Robocop dejaba claro que es lo que hay porque el capitalismo es un monstruo demasiado grande al que se le pueden ganar batallas pero no la guerra, aquí no se molesta en profundizar qué será de la sociedad a partir de que los malos salen de la ecuación. Será más libre que San Ángeles, desde luego, pero nada nos garantiza que no vuelva a ser esa Los Ángeles devastada en la que el crimen llegue a tal nivel que los daños colaterales dejen de importar con tal de detenerlo.

Porque tiene muy buenas escenas de Acción, con un Sylvester que aún es capaz de ser creíble en sus pinitos . En el futuro tirará más de presencia que de acción per se, aunque es muy respetable que no usase dobles en las peleas de Rocky Balboa. De hecho, se dice que quiso pelear de verdad, pero acabó mal. Wesley, por su parte, está en su mejor momento para hacer artes marciales y stunts geniales (tuvo que ralentizar sus golpes para que los captase bien la cámara). Es un gran villano, carismático y divertido. Es un troll que disfruta mofándose de sus adversarios, pero también es inteligente y peligroso. Una película siempre está a la altura de su villano, y Wesley Snipes aquí es de los mejores.

Porque aprenderás a preguntar por las cosas antes de comértelas, pero también a comerte cosas nuevas y ver que no están tan mal.

Y por último… porque a lo mejor averiguas como se usan las tres conchas y nos lo puedes decir.

Semper fi

Ukio


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