Oro de videoclub: Jhonny Mnemonic

¡Hoy hablaremos de Jhonny Mnemonic! ¡Después de un pequeño hiato, porque los adultos tenemos que trabajar para comer, lo cual hace que nuestras vidas sean cada vez más horribles y nuestras almas se consuman en una ciénaga de rutina y estrés, volvemos con MÁS PELIS!

¡En esta veremos la cutrez! ¡La mala interpretación! ¡Y el CGI horrendo! ¡Lo tiene todo!

Hablamos de este increíble clásico de la literatura Sci-Fi Cyberpunk arrasado en los 90 en aras de una estrella emergente, nada más y nada menos que Keanu Breathtaking Reevees!! Acompañado de tantos iconos de pelis cutres que quedaron en el olvido pero poco: Ice-T claramente sin mucha idea de actuar, Denis Akiyama mostrando la calidad que le hará merecedor de aparecer en peliculones como Pixels, Inspector Gadget o Resident Evil: Ultratumba, Dina Meyer, que salía en Starship Troopers como la encantadora Dizzy Flores, o era la genial Kara de Dragonheart, y que según vemos en IMDB no se ha muerto aún (Nos alegramos por ti, Dina! Un beso!), ahora…

En pie para la ovación:

¡¡Udo Kier!! ¿Cómo que no os suena? ¡Me cago en dios! ¿Donde está mi hacha de dialogar? Udo Kier es un actor de origen alemán de esos que cubren ese espectro gris de vuestra memoria, esas caras que os suena por haber visto en mil películas y os quedáis con la duda de “es ese tío que también salía en…”. Uno de los “That guy!” más icónicos, hemos visto a Udo en clasicazos como Blade, Iron Sky, La Sombra del Vampiro (Esta en realidad es buena), Barb Wire o Ace Ventura. Es un actor de poco caché al que siempre le dan malos turbios con cara de malo y un obvio feeling de “Te vas a fiar de mi pero solo porque lo dice el guión”.

Si Los Búfalos de Durham fuese una peli sobre actores y no sobre baseball, Kevin Costner interpretaría a Udo Kier.

Y ahora, sigan en pie, porque tenemos a nada menos que ¡TAKESHI KITANO! Hablando un inglés macarrónico, el icono japonés interpreta un personaje supuestamente profundo pero al que dan menos cámara que al segundo ayudante de catering. Aún así, siempre mola verlo.

Johnny es un mensajero. Se instala la información que va en el mensaje en la cabeza por medio de un implante (al que se conecta un mini jack. Los usb no se estilaban en los 90, beibe), y debe trasladar esa información a su destinatario. Sin embargo, necesitado por dinero para poder retirarse de su modo de vida arriesgado, Johnny acepta un envío que no debería: 320 gigabytes de información, ¡el doble de su máximo de 160! ¡En un par de días toda esa sobrecarga de información le freirá el cerebro! Para que os hagáis a la idea, mi ordenador de entonces tenía una memoria de 60 megabytes. Pasarían unos cinco años hasta que la palabra “giga” llegase al lenguaje común.

La película muestra el clásico futuro cyberpunk dominado por las corporaciones, con armas extrañas y bizarras, mujeres fatales en un estilo noventero que intenta versionar a los 80 sin dejar de ser los 90 (el horrendo corte de pelo de Reeves solo se había atrevido a llevarlo Gary Numan. Con razón David Bowie lo odiaba!).

¿Por qué deberías verla?

Lo primero, porque es una película no de culto, pero si que merece un revisionado. Ha envejecido tan mal que vuelve a estar al otro lado del espectro de la cutrez, convirtiéndose en una peli decente para una sesión palomitera de entretenimiento sin más.

Lo primero, y una de las cosas que más me gustan de las películas antiguas futuristas son los gadgets. Es una película ambientada en 2021 donde hay infinidad de pantallas de tubo catódico. Algunas disimuladas poniéndoles un marco enorme. Tienes armas con mogollón de añadidos para resultar futuristas, pero muy distintas del diseño de rifles modernos como la SCAR, la HK416 o el AK12. Y esa navegación por internet en 3d con gestos brutales con las manos, o incluso amenazas con destruir a alguien por medio de hackeos terribles con una interfaz llena de un CGI que…
Pero lo mejor es ese CGI. Horrendo a ojos actuales, pero todo un alarde de la época, del que la película presume con descaro. La película mete tanto como puede, con escenas llenas de bizarrismo cyberpunk, impráctico comparado con un smartphone, pero sin duda toda una experiencia inmersiva del siglo XXI.

Keanu Reeves pasó por muchas épocas de su vida, más o menos felices, antes de llegar al icono querido y admirado que es ahora. Antes de embobarnos con nuestra admiración hacia sagas como John Wick, no está de más echar un vistazo a su pasado.

Semper fi.

Ukio.


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