Escuela de cine: El montaje

Continuamos nuestro recorrido por las fases de una producción para llegar a la penúltima de ellas, el montaje. Ni que decir tiene que muchas de las fases anteriores -y esta misma- se superponen durante el tiempo en el que se produce una película, una serie o un programa de televisión.

En este caso y hablando de cine o de ficción en general, vamos a hablar del proceso de montaje. No vamos a entrar en lo que sería la teoría del montaje o las diferentes teorías del montaje como las de Kuleshov, Pudovkin, Eisenstein, Griffith, Porter y otros creadores. Estos referentes teóricos podríamos desarrollarlos en futuros artículos.

Aquí vamos a desgranar -muy por encima- el proceso que se desarrolla en una sala de montaje una vez terminada la producción o grabación de un producto audiovisual, cómo este afecta al resultado final que vemos en pantalla, las tensiones que se generan en esta parte del proceso entre montador/ director y productor y algunos ejemplos de cómo el montaje final afectó para bien o para mal a algunas de las películas que todos y todas conocemos.

Y es que tras el desarrollo de la preproducción y la posterior producción, llegamos con todo el material grabado y todos los denominados “brutos” (las grabaciones que se hicieron durante el rodaje) a una salita en la que un montador espera todo ese material para dotarlo de un sentido narrativo. A su lado estará el director, prácticamente el único superviviente (a veces a duras penas) de los dos procesos anteriores, y es que, mientas el equipo técnico y artístico del filme ya están en sus casas o buscando nuevos proyectos en los que trabajar, el director es el personaje principal al que veremos en todas las fases de un producto audiovisual en un papel determinante.

Sergei Eisenstein, el conocido como padre del montaje (o al menos uno de ellos) en una de sus fotos más conocidas. Quedándose bizco mirando fotogramas.

MONTAJE TRADICIONAL VS. MONTAJE DIGITAL

Antes de nada debemos distinguir los procesos de montaje que se usaban antes y que se usan actualmente, ya que el mismo proceso ha cambiado, en cierto modo, el rol del montador y las posibilidades de creación en la sala de montaje.

Antaño, los rollos de celuloide positivados llegaban a la sala de montaje donde el montador y su equipo (porque era un trabajo para varias personas cualificadas) iban colocando el material para localizar los fotogramas válidos y posteriormente ser cortados (con tijeras) y pegado (con pegamentos especiales) en el orden que el director deseaba.

Cuando llegaron los programas de edición digitales (también llamados de edición no lineal), un mundo nuevo de creación se abrió para directores y montadores. Aunque se seguía rodando en celuloide, los rollos se digitalizaban y se podían montar en un ordenador. Así se podía probar a colocar en un orden las escenas o cambiarlo y ver el resultado automáticamente.

El montaje final de MIsión Imposible Fallout en un programa de edición digital

Este nuevo sistema trajo consigo que los directores pudiesen probar a contar sus historias de formas diferentes antes de salir de la sala de montaje. El poder del montador sobre el resultado final de la película se hizo mayor, puesto que podía proponer al director ideas mostrándole a la vez el resultado.

Películas como Pulp Fiction estuvieron muy influenciadas por sus montadores y montadoras. Tarantino nunca ha negado que la montadora de la película, Sally Menke (fallecida en 2010), tuvo una importancia capital en reestructurar la película tal y como la conocemos. Otra montadora digna de mención es Thelma Schoonmaker, compañera de Martin Scorsese en películas como Toro salvaje, Uno de los Nuestros, La última tentación de Cristo, El rey de la comedia, After Hours, Casino, Gangs of New York, El Aviador o Infiltrados. No por nada en todos los premios de academias hay uno al mejor montaje porque, como dicimos, el montador es un director sobre el material rodado que aporta otra interpretación mediante su trabajo.

El Director’s Cut o Versión del Director

La llamada Versión del Director (Director’s Cut) es en términos sencillos y didácticos “la versión original de un film y no la proyectada en cines al momento de su estreno”, en otras palabras, la concepción de la obra fílmica que por una u otra cuestión fue re-editada para su distribución comercial. Bien sea por caprichos de actores, intereses de la industria, el poco poder del director frente al productor ejecutivo o el estudio dueños del filme, excedentes en la duración o censura.

Algunos directores haciendo caso omiso a la recepción en taquilla, críticas o los mencionados intereses de su productora, relanzan dicho corte en formato video y a veces cine, pero claro, siempre con el permiso de la productora. Existen también los casos en los que la misma casa se da cuenta de su error décadas después y decide relanzar el metraje original concebido por el director en un primer momento.

Ejemplos no faltan. A la Érase una vez en América, de Sergio Leone, le fueron recortados 135 minutos de sus 4 horas y media originales, las cuales sí fueron originalmente presentadas en el Festival de Cannes para después sufrir este corte caótico para la cartelera americana. Vale, puede sonar a ladrillo, pero en ese corte se perdieron subtramas claves y la justificación a muchas de las acciones y motivaciones de sus personajes, además de que fue montado para seguir un orden cronológico.

Otras historias de desencuentros entre directores y estudios a la hora de mostrar el la película terminada en las salas de cine son: Superman 2 de Richard Donner, León (El Profesional) de Luc Besson, por la relación entre la niña y el protagonista, Blade Runner de Ridley Scott, o más recientemente La Liga de La Justicia de Zack Snyder.

Animo a los lectores a buscar sobre los escándalos ocurridos tras el montaje final de ciertos filmes y las disputas entre directores, productores y estudios. Son diversas y entretenidas. Además en la mayoría de los casos acabaron sacando las versiones del director en vídeo o incluso al cine, como en Apocalipse Now Redux hace unos años.

EL próximo tema que trataremos será ya el proceso de distribución, que no por ser el último es el menos importante a la hora de hacer que el público decida ver la película en la que, como se puede intuir después de esta serie de artículos, tanta gente ha trabajado, tanto dinero y tiempo se han invertido, tantas visiones se han conjuntado y tantas ilusiones se han depositado.

Alfonso Díez Veiga.


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