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Sonido: Del fonoautógrafo al tocadiscos

Vivimos una era maravillosa en la que tenemos al alcance de la mano más música de la que podríamos escuchar en toda una vida, sólo un teléfono móvil y una búsqueda correcta nos separan de exactamente aquello que queramos escuchar. Por otro lado, si queremos dejar registro de, lo que sea que nos ocurra, podemos hacerlo con el mismo dispositivo. No importa si es vídeo o audio, todo está en la misma palma de la mano. En este marco culturual, el de ser unos malcriados audiovisuales, puede resultar ridículamente difícil imaginar como se sintió Thomas Alva Edison, la primera persona que pudo reproducir y grabar un sonido con un mismo dispositivo. Por eso, hoy hablaremos de fonógrafo y de cómo pasamos de sólo poder plasmar las ondas sonoras con fines científicos al primer tocadiscos.

Antes de entrar en materia, cabe mencionar que el sonido es y siempre ha sido el gran olvidado del audiovisual. Así lo dice la propia historia. La primera fotografía, la conocida como «Point de vue du Gras», data de 1826. Aunque no es exactamente un reflejo fiel del motivo que pretendía plasmar, fue el primer paso para las posibilidades que tenemos hoy en día. Por otro lado, para hallar el primer registro de audio hay que remontarse al fonoautógrafo, un dispositivo inventado en 1866 en el que podían plasmarse las ondas sonoras. Eso sí, tan sólo con fines meramente científicos, ya que no podía reproducirse nada de lo previamente captado.

Resultado de imagen de primera fotografía

Si procesamos durante un minuto esta información, nos damos cuenta de que, hasta hace no mucho, las palabras literalmente se las llevaba el viento. Quedaban impresas en libros, sí, pero deja claro que el ser humano siempre ha puesto mucho más empeño en retratar rostros e imágenes que en captar una voz, un instrumento musical o el cantar de los pájaros.

Once años después de que Édouard-Léon Scott inventase el fonoautógrafo, Thomas Alva Edison daría a la humanidad el primer dispositivo capaz de reproducir y grabar sonido. El principio era similar al del fonoautógrafo: un estilete, una pieza que vendría a ser el tatarabuelo de las agujas que se usan en los tocadiscos actuales, vibraría labrando un surco en el cilindro del fonógrafo. De esta manera, la vibración, producto de las propias ondas sonoras, quedaría plasmada en el cilindro imprimiendo el surco que, invirtiendo el proceso, al pasar de nuevo por el estilete y con la ayuda de la amplificación del cono, podía reproducirse.

Inicialmente los cilindros eran de cartón y estaban recubiertos de estaño, pero poco a poco fue imponiéndose la cera como material por su durabilidad y calidad. No obstante, el reinado del fonógrafo fue muy breve. Emile Berliner patentó en 1888 el gramófono, un sistema muy similar con el matiz de utilizar ya discos planos en lugar de cilindros. Ese diferencia, que ha perseverado hasta nuestros días en forma del tradicional tocadiscos, fue lo que hizo que Berliner ganase la batalla por la reproducción y la grabación de audio. La ventaja del formato plano hacía mucho más sencillo duplicar los discos a través de un molde para su fabricación en masa.

Edison plantó batalla con los cilindros de cera primero y luego con los de celuloide. La lucha por el control de la recién creada industria terminó refinando también el gramófono, la fabricación de los discos en goma dura (ebonita) y la incorporación del motor por parte de Eldrigde R Johnson, unida a la mencionada facilidad para la duplicación, desmarcó el sistema de discos planos definitivamente sobre el fonógrafo.

En 1925 el paradigma cambió. La aparición de los amplificadores de válvulas, tan celebres en el mundo del sonido, introdujeron la posibilidad de reproducir los discos de manera eléctrica y ya no mecánica. El estilete de Edison ya se había refinado lo suficiente como para poder convertir los surcos en señales eléctricas que, a través de las válvulas, podrían amplificar su bajo voltaje para poder funcionar ya, por fin, mediante altavoces. Esto abría un mundo de posibilidades en las que se podía regular el volumen con un simple gesto variando la amplificación de las válvulas

Tardaríamos unas pocas décadas más en refinar el sistema de reproducción de audio que más se ha prolongado en el tiempo. Eso sí, hasta 1958 los discos eran todos en mono, fue a partir de este año que empezaron a producirse los primeros discos en estéreo. Y el resto, es historia.

Quizá te estés pregutando qué fue de los primeros registros de audio, esos que, cuando fueron captados no podían ser reproducidos. Pues en realidad sí, lo que no se tenía en tiempos del fonoautógrafo era un verdadero conocimiento de como revertir el proceso. El 2008, un grupo de científicos y estudiosos americanos reprodujo por primera vez el sonido grabado mediante un fonoautógrafo. Este hito ubicó en el 9 de abril de 1860 la primera grabación conocida, el primer registro conocido de la voz humana y la primera grabación reproducible. Este fonoautograma de una voz anónima que canta la popular «Au Clair de la Lune» durante tan sólo diez segundos fue reconstruido por ordenador y aunque la calidad es muy mala, la voz es reconocible:

Au Clair de la lune

¿Qué hubiera pasado sin el ingenio de Léon Scott o Edison? ¿Tendríamos Spotify o Tidal? ¿Seguiría la música esperando a ser plasmada más allá de las partituras? Supongo que, como la vida, el progreso también se hace camino y el deseo del ser humano de plasmar la belleza en todo su esplendor puede derribar cualquier barrera.

Alfonso Rois


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