Jazz: Louis Armstrong

¿Alguna vez habéis sentido un vuelco en el corazón? ¿Un destello en vuestra mente? Sí, me refiero a ese momento en el que algo pasa por tu cabeza y notas que has encontrado algo que te apasiona como pocas veces te había pasado antes. Esto mismo fue lo que me sucedió cuando empecé a descubrir el mundo del jazz. Entraba en este como un novato más, poniendo listas de Spotify y buscando esa canción que marcara la diferencia, que lograra engancharme a este género. Eso fue lo que me sucedió en cuanto pasó, por mis auriculares, la voz de Louis Armstrong. Fue mi primer amor en el jazz, y el que me llevó a muchos otros. Por eso, en el artículo de hoy, vamos a descubrir su magia a través de cinco canciones.

Dipper Mouth Blues

Empecemos por el inicio de su carrera musical. Louis Armstrong comenzó a interesarse por la música gracias a Nueva Orleans, ciudad en la que las bandas musicales tienen gran importancia, habiendo grandes desfiles habitualmente. Él trabajaba para una familia, los Karnofsky, que le trató como a uno más. Y, de hecho, sin ellos nunca habríamos disfrutado de este gran músico, pues fueron los que le compraron su primera trompeta. A partir de entonces, aprendió a tocar la corneta en un reformatorio, y pasó por distintos trabajos, hasta que empezó a tocar en cabarets. Su reputación fue aumentando, logrando entrar, por recomendación del músico Joe King Oliver, en Kid Ory, el mejor grupo swing de Nueva Orleans. Esto sucedía en 1919.

Tres años después se unió a la mejor banda swing de Chicago, Creole Jazz Band, formada por el propio Joe King Oliver. Con ellos tuvo sus primeras oportunidades en el mundo discográfico, grabando la canción Dipper Mouth Blues.

Shanghai Shuffle

Tras Nueva Orleans y Chicago el siguiente paso de nuestro protagonista de hoy estuvo, en 1924, en Nueva York. De esta ciudad le llegó una oportunidad irrechazable: unirse a la banda afroamericana más importante del momento, dirigida por el mejor director afroamericano de orquesta. Hablamos de Fletcher Henderson, y su homónima “Orchestra”. Este momento resulta crucial, hasta entonces era cornetista, pero ahora empezaba con la trompeta, instrumento con el que se convirtió en la gran figura para el jazz que es hoy en día. Uno de los primeros temas que grabó con ellos fue Shanghai Shuffle.

St Louis Blues

Durante su estancia en la orquesta Louis Armstrong ganó gran experiencia, dinero, y sobre todo fama, que le llevó a hacer una buena cantidad de colaboraciones con grandes artistas, como Alberta Hunter, o Maggie Jones. A lo largo de los años se fueron sumando otros, como Bing Crosby, o Jimmie Rodgers, por ejemplo. Si nos referimos a la primera etapa de su carrera, podemos destacar su versión de St Louis Blues, de Bessie Smith.

They Can’t Take That Away From Me

Sin embargo, si hablamos de colaboraciones, la más notable fue la que llevó a cabo con la gran Ella Fitzgerald, la Reina del Jazz. De su unión podemos disfrutar durante tres discos distintos: Ella and Louis, Ella and Louis Again, y Porgy and Bess. Hablamos de, quizá, el hombre y la mujer más importantes en el mundo del jazz. Y dos artistas con una pasión similar por la música: mientras Louis Armstrong tenía la influencia de estilos como el blues, el folk o incluso la ópera, Ella Fitzgerald se aproximaba incluso a la samba o al gospel, géneros que, de primeras, no parecen estar muy cerca del jazz.

De la unión de Ella y Louis saldría, por ejemplo, una maravillosa versión de la canción They Can’t Take That Away From Me, de la película Shall We Dance.

What a Wonderfuld World

Podemos cerrar este artículo con una canción que grabó hacia el final de su carrera, y de su vida (moriría tres años después). En 1968, Louis Armstrong publicó What a Wonderful World, una canción que alcanzaría su verdadero éxito en 1987, al formar parte de la película Good Morning, Vietnam, de Robin Williams. Si algo hay que destacar de esta canción, es la magia que hacía Louis Armstrong, transmitiendo a la perfección, con su voz e interpretación, todo el sentimiento necesario para lograr llegar al corazón del público.

Dicho todo esto, Louis Armstrong es uno de esos artistas tocados por la varita de esa diosa llamada música, y se encargó de demostrarlo durante toda su vida, mediante su estilo, su jazz, su trompeta, pero también jugando con otros géneros. Fue un gran músico, y os animo a conocerlo, a descubrirlo, si aún no lo habéis hecho, porque os puedo asegurar que os hará enamoraros del jazz, y de toda su obra.

Isma Martín


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