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Oro de videoclub: Bunraku

Bienvenidos una vez más a este angosto rincón de internet donde os hablo de esas pelis que meten de relleno en vuestros servicios de Streaming favoritos y a las que deberíais echar un vistazo. ¡No! ¡No necesitas ver otro capítulo de Jojo’s Bizarre Adventure! ¡Te estás haciendo daño a ti mismo, maldita sea! ¡Vas a acabar mal!

Fuera coñas. Hace años veíamos un capítulo de una serie por que no teníamos la hora y media o dos horas que requería una peli. Ahora nos vemos una peli, porque no tenemos las 10 o 20 horas que requiere una temporada de una serie.

En fin: Oro de Videoclub. Hoy, Bunraku: ¡Hostias! ¡Sushi! ¡Bushido! ¡Proletariado!

Para sorpresa de nadie, esta vez os traigo una peli de artes marciales ¡Sí! ¡¿Qué cojones pasa?! ¿Quieres una peli sobre gente que siente cosas? ¡Estos sienten cosas! ¡Sienten dolor! ¡Sienten ira!


Bunraku es una película de 2010 que plantea un mundo de clara inspiración en las primeras épocas de la Rusia soviética, aunque con las suficientes diferencias para dejar claro que se trata de un mundo de fantasía, como los modelos de los coches o los estilos de lucha, pero abraza claramente su iconografía y glorifica al proletariado (y en esta sección nos gusta glorificar al proletariado).

En ella tenemos un pueblo en el que los más fuertes imponen su ley, y el más fuerte no es otro que Nikola, el leñador (Ron Pearlman) y su grupo de asesinos, liderado por el genial y sádico Asesino n.º 2 (Kevin McKidd, y sí: Se llama Asesino n.º 2). Y joder, Pearlman es uno de mis actores favoritos (Pacific Rim, Hellboy, Enemigo a las Puertas), pero McKidd es para que le den un yate y una paga de por vida al que hizo el casting.

En ese pueblo que vive sometido a Nikola (nos lo presentarán junto con el pequeño papel de un Jordi Mollá que parece que curraría por un bocata) vemos en tan solo cinco minutos como está el percal en lo que se muestra como una presentación muy lograda. Y como es costumbre, llega un tren, y en ese tren llega un extraño silencioso… O dos.

Por un lado tenemos a Josh Hartnett haciendo de un cowboy sin pistola ni nombre que busca una partida de cartas, y sabe manejarse bien a puñetazos. Y por otro a Gackt haciendo de Yoshi, un joven japonés que ha decidido abrazar el principio del bushido del Jin: La compasión. Ambos…

Espera, espera, espera, Ukio. ¿Has vuelto a las drogas? ¿Un pueblo ruso, un vaquero y un samurai?. La respuesta es sí. Es decir, no, no me drogo. Sí, un pueblo ruso, un cowboy y un samurai.

Y ahí están ambos, en un pueblo dominado por los hombres de traje rojo que sirven a Nikola, y con la presencia de carteles que incitan a seguir a El General hacia la revolución. Como si Nikola fuese un Zar, pero no por su linaje si no por su fuerza. Realmente esta es de las historias que puedes ver en un manga y si te las ponen en una película tu suspensión de la incredulidad salta por la ventana… Pero ya llegaremos a eso.

En esta historia nuestros héroes se encontrarán con el misterioso barman cojo y sarcástico (Woody Harrelson joder como quiero a la persona que hizo el casting), con el tío y la prima de Yoshi (Shun Sugata), y con muchos otros personajes. Muchos personajillos tipo, clichés a los que hemos visto en miles de películas, como Eddie (Mark Ivanir), el secuaz típico rollo “mando intermedio” del ejército de malosos.


También sale Demi Moore, y no hace un mal papel, pero es el recurso más desaprovechado de toda la película. Si bien es el antiguo amor de Nikola -y también lo fue de otro personaje- esto se integra con pinzas, y se le intenta encontrar hueco en una película de 119 minutos de duración sin mucho éxito. Además, su personaje está solo para dar más color a otros dos, lo que resulta ridículo, porque si bien Nikola acudirá a ella el otro personaje ni la menciona ni hace referencia alguna hacia el pensoaje de Demi Moore. El resultado es que cuando se encuentran te quedas en plan “anda, mira! Era este tío!” pero no logra importarte lo suficiente. Aquí el director se vino muy arriba con con escenas de acción, pero se quedó sin tiempo para dar profundidad a los personajes. ¡Y realmente no la necesitan! Podrían funcionar sin que se les de este trasfondo a dos personajes masculinos con una mujer token, pero hacerlo y quedarse a medio camino es aún peor.

¿Por qué deberíais ver Bunraku?

Esta película merece verse sobre todo por su fotografía y su contenido artístico visual. Antes os dije que era una historia que sería medio creíble en un manga, pero en una película pondría a tu suspensión de la incredulidad a lamer torres de alta tensión. Sin embargo, funciona. ¿Cómo? Porque estás viendo un “cómic”, o un libro de figuras desplegables.


Lo primero que vas a percibir en esta película es la voz del narrador (Mike Patton, vocalista de Faith No More, pero solo si la ves en VO), introduciéndote poco a poco en la historia. O verás como Yoshi habla en japonés con su familia, y los subtítulos aparecerán como las viñetas descriptivas de un cómic. Verás escenarios imposibles y juegos con el color, como el coche azul celeste del Barman, o los trajes rojos de los sicarios.

Lo segundo es que en muchas escenas, el director intentará ser rompedor con la cámara. Acróbatas en peleas multitudinarias que parecen sacados de las películas de Batman de Tim Burton, con giros de cámara y cambios de plano espectaculares que hacen que la coreografia funcione. Si bien prefiero mis escenas de acción con el menor número de cortes posible (vease The Raid o Thai Dragon, con peleas de acción en una sola toma o dos, de forma que hay mayor nitidez en la escena).

Sin embargo no acaba de romper precisamente por lo irreal y fantasiosa que es esta película.

Entonces, entre el narrador, los malos arquetípicos y con uniforme, los protagonistas estereotípicos y demás, es una obra interesante, y si estáis en España podréis verla de forma legal en Amazon Prime Video (pillaos el mes gratis y listo).

Estaréis viendo una peli de kung fu, el ballet, el circo y de paso impresionismo ruso. Y eso es bueno. Está bien hecho.


Semper fi

Ukio


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