Música electrónica: Rock Electrónico

Hace ya muchos años, cuando el término electrónica en relación a la música solo suscitaba entre el público un cierto eco de futurismo y eran las guitarras las que llevaban, nunca mejor dicho, la voz cantante, fueron apareciendo una serie de nuevas formas vinculadas al uso del sintetizador que al igual que un virus se propagaron por todas y cada una de las otras  manifestaciones musicales. Nos situamos a caballo entre los sesenta y los setenta, años en los que el boom de grupos como The Beatles, The Rolling Stones o Led Zeppelin provocaron que el pop y el rock se convirtiesen en los géneros predilectos por antonomasia de la cultura de masas. No obstante, a medida que pasaban los años, el interés del público parecía decaer levemente y acercarse a nuevas vertientes más alejadas de lo puramente instrumental agitados por el éxito de géneros como el funk o el disco, los cuales iban suponiendo un interesante campo de cultivo para lo que estaba por llegar.

Como afirmamos previamente, las formas más primarias del pop y el rock, que tanto éxito habían cosechado en esos años comenzaron a expandir sus fronteras abarcando nuevos elementos conceptuales como el uso de nuevos instrumentos poco convencionales, véase el sitar de George Harrison, o a través de la hibridación con otras vertientes. Es en este punto donde nace el denominado rock electrónico, género que desmenuzaremos en este artículo.

El rock electrónico, también conocido como electro rock o digital rock, es, como su propio nombre indica, el resultado de combinar en una misma pieza los elementos del rock con el uso de instrumentos propios de la electrónica como los sintetizadores o las cajas de ritmos. A pesar de tener sus más remotos orígenes en la década de los cincuenta, no sería hasta finales de la década posterior cuando comenzase a tener cierto auge gracias a bandas como The Doors, The Beatles, Emerson, Lake & Palmer o la neoyorquina Silver Apples, quienes comenzaron a hacer uso del popular sintetizador Moog modular en algunas de sus canciones. Sin embargo, sería a mediados de los setenta cuando el género lograse su pleno apogeo gracias a la aparición de Kraftwerk, un grupo de electrónica alemán que revolucionaría por completo la concepción de dicha música, haciéndola mucho más accesible y atractiva para el gran público. Así, y gracias a la colaboración de otras agrupaciones como Tangerine Dream, la electrónica se fusionó con el rock progresivo teniendo en Pink Floyd su mayor exponente, debiendo hacer un inciso en este punto para poner en valor el papel que desempeñó Alan Parsons como ingeniero de sonido de la banda en su célebre álbum The Dark Side of The Moon. De este modo, el rock electrónico siguió con su proliferación en los años ochenta, en los que se vio fuertemente influido por la aparición de nuevas tecnologías como el audio digital o el popular estándar de conexión multinstrumental ‘MIDI’, siendo popularizado por Depeche Mode o los bonarenses Soda Stereo.

La llegada de los noventa haría que el género continuase abriendo puertas al logar acceder al campo del heavy metal dando pie a que bandas como Rammstein comenzasen a producir nuevas formas en las que se conjugaban los postulados del rock industrial con ciertos elementos de la electrónica. Durante esta época también adquirió un enorme peso el uso del big beat, un patrón rítmico explotado por grupos como The Chemical Brothers o The Prodigy.

La llegada del nuevo siglo supuso de nuevo un cierto auge para el rock electrónico debido a la proliferación de la cultura digital, ganando peso el papel de Radiohead, quienes siendo ya una banda con un alto nivel de aceptación entre la audiencia decidió experimentar con este género. A ellos se unieron un sinfín de artistas de renombre como el dúo francés Daft Punk, Phoenix, Evanescence o Linkin Park que no hicieron otra cosa que darle un mayor peso a esta corriente consolidándolo en prácticamente todo el mundo.

Por lo tanto, como acabamos de ver, es posible que dos géneros tan dispares a priori como el rock y la electrónica, con dos culturas a su alrededor tan distintas puedan conjugarse bajo una forma unitaria dando paso a la creación de grandes obras. No son pocos los que hoy en día aman ambas vertientes y disfrutan como nadie de su hibridación bajo un sello común al que seguro que aún le queda mucho recorrido.

Diego Andrade


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